Perturbadora alegría: una historia del cuento grotesco

Robert Shearman no solo es uno de los guionistas más premiados de Doctor Who, es también uno de los escritores más alegremente perturbadores de la fantasía británica actual. Este texto es el prólogo a su excepcional Homo homini lupusuna recopilación de horror hilarante, humor negro e inquietante surrealismo.

El rey bebe

Bill Buford, en su ensayo «The End of the English Novel», recordaba la valoración que Gore Vidal hizo en 1979 sobre la literatura inglesa, cuando afirmó que los escritores británicos de la época cultivaban una ficción de clase media, dirigida a lectores de clase media con problemas de clase media. Buford achacaba esa falta de originalidad en los planteamientos narrativos a la escasez de traducciones que se venían publicando en el país, una escasez que había aislado a la literatura inglesa de influencias externas y la había llevado a canibalizarse a sí misma. Sin embargo, como matizaba el propio Buford después, la crítica de Vidal no era del todo acertada: el panorama llevaba un tiempo cambiando. Ya en los sesenta había aparecido un grupo de escritores experimentales que incluía a autores como Bryan Stanley Johnson, Ann Quin, Alan Burns o Christine-Brooke Rose, si bien ninguno gozó de éxito comercial entre los lectores. El caldo de cultivo del posmodernismo, en su empresa por cuestionar las ideas recibidas, estaba propiciando una nueva ficción alejada del realismo literario «de clase media», una ficción experimental de mezclas heterogéneas y personajes marginales que define una parte importante de la literatura británica actual. Esta literatura de yuxtaposición de opuestos, de desjerarquización de los valores tradicionales, se nutría y se nutre en gran medida de la estética de lo grotesco.

Lo grotesco ha venido resurgiendo en épocas de transición entre lo moderno y lo clásico. El adjetivo se empleó en primer lugar en el ámbito pictórico para describir los motivos decorativos de las habitaciones y pasillos de la Domus Aurea, el palacio de Nerón, hallado en unas excavaciones de finales del siglo XV. En la decoración se combinaban elementos vegetales, figuras teriomorfas y elementos de diversa procedencia profusamente dispuestos en composiciones imposibles. Por ello, lo grotesco comenzó a usarse como sinónimo de lo que es irreal, antinatural y desagradable, en contraposición a la armonía del arte clásico. En esta línea, ya el poeta latino Horacio prevenía contra el efecto irrisorio, monstruoso e inarmónico que conllevaría dejarse arrastrar por incompatibilidades estéticas fruto de una desbocada fantasía: Seguir leyendo →