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Mujeres + Edición + Ciencia ficción = ?

Prólogo de Fata Libelli sobre ficción, mundo editorial y mujeres escrito para Alucinadas II, la recopilación de cuentos de autoras de ciencia ficción publicado por Palabaristas.

La recién llegada universitaria que —llevada por el entusiasmo de la juventud y por un exceso de Bécquer— comete la temeridad de enrolarse en el estudio de la literatura, pronto se acostumbra a tratar los textos literarios como entes formales e inmateriales nacidos en la mente de un Gran Artista cuyas creaciones se vieron solo influidas por otros Grandes Artistas y, a lo mucho, por Grandes Acontecimientos Históricos (como guerras civiles, la llegada del Romanticismo, la pérdida de las colonias de ultramar y otros hechos de esos que sirven para marcar principios y finales de capítulo en los libros escolares de historia). Qué poco preparada está esa bisoña universitaria para la sorpresa que se llevará cuando, licenciatura y máster en mano, consiga tras mucho penar un trabajo como editora, y deba entonces vérselas con escritores más o menos exigentes, agentes agresivos, acomodados periodistas de suplemento literario, plazos de publicación imposibles, resmas de papel perdidas en la imprenta, correcciones de pruebas interminables, la amenaza del libro digital, las prisas por subirse al carro de la última tendencia literaria de libros escritos por colectivos radicales de instagrammers, etcétera. Seguir leyendo →

Entrevista con Robert Shearman

El prolífico y genialmente inventivo Robert Shearman, autor de Homo homini lupus, se ha convertido en una de las voces más originales de la literatura de terror y fantasía de la actualidad.

Curtido en la televisión y en el teatro, ha publicado también varias colecciones de relatos que le han valido numerosos premios, entre ellos el Shirley Jackson y el World Fantasy. Apasionado del arte de contar historias, es capaz de mezclar las ideas más osadas con los sentimientos más humanos y que esa extraña mezcla resulte más real incluso que la propia realidad. En esta entrevista que aquí os dejamos Shearman comparte con nosotros cómo es y de dónde nace el arte del relato y de la representación.

Robert_Shearman

FL: Te has dedicado a escribir todo tipo de ficción imaginable: obras de teatro, radio y guiones, como el episodio, ya legendario, de «Dalek» para Doctor Who, además de tener cinco colecciones de relatos en el mercado. Sin embargo, esta dispersión parece tener algo en común: la oralidad. Todo está escrito para ser representado o está narrado con un estilo coloquial que ensalza el diálogo y la narrativa oral. ¿Dirías que la oralidad es una constante en tu trabajo hacia la que te sientes atraído?

RS: Sí que lo creo, sí. Pero es curioso, ¡nunca me había parado a pensar en ello! Creo que hay una razón detrás de esto. Me convertí en escritor porque, cuando era adolescente, me aquejaba un fuerte tartamudeo. Era horrible, mucho; durante mucho tiempo parecía que no me quedaba nada de confianza para abrir la boca ni siquiera un poco. (Y el tartamudeo sigue ahí, aunque la gente apenas se da cuenta. Durante todos estos años he encontrado la forma de hablar esquivando el tartamudeo, cambiando las palabras que pretendía decir en mitad de la conversación para engañar a mi cerebro. Si alguna vez asistes a una de mis lecturas públicas verás que siempre reescribo lo que hay en la página para ser capaz de leer la historia hasta el final). Nada me da más envidia que la gente que es capaz de hablar sin pensarlo. Que solo hablan, ¡y con qué soltura! Yo era un chaval testarudo, así que no iba a tomarme el tartamudeo a la ligera. Empecé a hablar en público, a actuar en obras en el colegio. Me enamoré por completo del teatro. El problema era que… no era muy bueno. Como te puedes imaginar, no era el más fiable de los actores. Y en la universidad me di cuenta de que sencillamente no era lo bastante bueno como para que me eligieran para un papel. Empecé a escribir obras por mi cuenta, primero para darme una oportunidad de actuar en ellas; luego, en muy poco tiempo, por el mero placer de escribirlas. Por la maravilla, al fin, de estar en pleno control de las palabras que quería usar. Adoraba esas obras. Quería protegerlas. Descubrí que nunca querría que un actor tan malo como yo las arruinara.

Como has dicho, trabajé durante años en el teatro como dramaturgo, y con el tiempo aquello derivó hacia la radio y la televisión también. Nunca fue exactamente un plan. Yo seguía siendo ese chico tartamudo que ponía palabras en boca de actores más preparados que yo para que las dijeran en voz alta. Nunca me imaginé que escribiría libros, ni tan siquiera prosa, la verdad sea dicha. Los escritores que escribían libros, con sus nombres en la portada, eran escritores “de verdad”. Cuando recibí mis primeros encargos para escribir historia cortas –y descubrí entusiasmado lo mucho que disfrutaba escribiéndolas— aún me las imaginaba como piezas que iban a ser representadas. Que estos eran largos monólogos que habrían de recitarse en un escenario. Sin importar lo largas que fueran, o si estaban escritas en primera persona o en otra distinta, como más cómodo me sentía era tratando los párrafos como una conversación. Ese es el ritmo que más me gusta usar, y por más que intente variarlo, cuando corrijo siempre termino desnudando la prosa, quitando cualquier cosa que sea demasiado florida, emplear palabras más simples, tratar de contar la historia como si te la contara un amigo. Seguir leyendo →

El niño que jugaba con sombras

¿Cuál es la diferencia entre el terror y el weird? ¿Qué hace a Lovecraft tan único? 
Todas las respuestas en este ensayo inédito del autor de culto Quentin S. Crisp, que sirve de prólogo a la segunda edición aumentada de nuestro clásico libro de terror Sui generis.

I

Googligars

La primera casa en la que viví era un adosado, relativamente grande, de tres plantas y un sótano. En el pasado la casa había sido todavía más grande, y unifamiliar. Es decir, que —o eso me contaron— las dos casas en las que vivíamos nosotros y nuestros vecinos habían sido una sola. Me gustaría dar una idea de cómo era esa casa, porque el principal acontecimiento del que deseo escribir —un acontecimiento de la imaginación— tuvo, en cierta medida, a esa casa como telón de fondo. En esa casa jugué, me maravillé y fui hechizado. Estas tres cosas fueron posibles hasta un grado casi mítico porque la casa era suficientemente grande como para que un niño vagara por ella. Quizá incluso me dio una sensación de titularidad sobre lo doméstico, algo que la vida no me ha vuelto a conceder desde entonces.

Era una casa —tal como yo la viví, claro está— que creo que le habría gustado a Maurice Sendak. En el jardincito delantero crecía un enorme girasol; en el jardín trasero, más grande, unos escalones tortuosos llevaban hasta un riachuelo que desembocaba en el mar, que estaba a menos de cinco minutos a pie. Jugué a muchos juegos en aquel escenario. Recuerdo cómo trataba de resolver el éxtasis incompleto de jugar a los bomberos: mi hermano y yo bajando por una cuerda al jardín ositos de peluche y otros juguetes del estilo desde una ventana situada en lo alto, rescatándolos de un fuego imaginario. El rescate se repetía una y otra vez, como un rompecabezas. Recuerdo también que jugábamos a los tigres con mi padre, arrastrándonos a cuatro patas en la oscuridad por toda la casa, como si fuera el territorio de un animal. Soy incapaz de describir lo emocionante de aquel pasatiempo. La oscuridad ya no me atemorizaba porque yo, como tigre, era lo más atemorizante que allí había. No creo que haya vuelto a sentir una felicidad así en ningún otro momento de mi vida.

Debería aclarar que por lo general me daba miedo la oscuridad. Por lo que recuerdo, subir a otra planta por las escaleras me aterrorizaba en esa casa. Era siempre consciente de presencias invisibles a mi alrededor. Avanzaba sigilosa y temblorosamente, o me apresuraba y trastabillaba presa del pánico.

Quentin S. Crisp

Quentin S. Crisp

De hecho, la casa estaba encantada, o eso es lo que se contaba. Durante un tiempo mis padres regentaron el lugar como una casa de huéspedes y más de uno aseguró haber visto un fantasma. Uno de mis progenitores se apega a esta crónica como si hubiera de tomarse al pie de la letra; el otro afirma que aquellos que vieron el fantasma habían oído antes de su existencia y por tanto habían sucumbido al poder de la sugestión. Se trataba del fantasma de una anciana. Hay incluso una vieja historia que explica quién podría haber sido esta anciana y da pistas sobre qué podría haberle robado el descanso a su espíritu. La historia cuenta que, hace mucho tiempo, cuando las dos casas todavía eran una sola, vivían en ella dos mujeres. Eran excéntricas, al parecer, amigas una de la otra y de nadie más en el mundo. Las unía un vínculo tan fuerte que no necesitaban hablar con nadie más; o por el contrario, su odio hacia los demás era tan fuerte que fortalecía el vínculo. En cualquier caso, dado que eran tan reservadas nadie supo qué fue mal entre las dos, pero algo pasó. Un día su amistad acabó y construyeron un muro que dividió la casa en dos. Vivieron en esas dos casas hasta que murieron, sin hablar, como antes, con nadie, y ahora ni siquiera entre ellas; juntas para siempre, separadas para siempre.

Esa es la historia. Seguir leyendo →

Vuelve un clásico del terror inquietante

Segunda edición de Sui generis con nueva portada y prólogo de Quentin S. Crisp, una lectura indispensable si amas la literatura lovecraftiana

Sui generis es un clásico instantáneo de la literatura extraña, inquietante y terrorífica. La narrativa weird, heredera del espíritu de H. P. Lovecraft, nos habla de un terror insidioso y retorcido, en la tradición de William Hope Hodgson, M. R. James, Algernon Blackwood y Arthur Machen.

En esta recopilación encontrarás: «La señora Medianoche», un perturbador relato de humor negro del premiado Reggie Oliver; el cuento sobre crípticos lenguajes degenerados «THYXXOLQU» de Mark Samuels; e «Ynys-y-Plag», una terrorífica novela corta de tono engañosamente pausado aclamada como la mejor obra del autor de culto Quentin S. Crisp.

En esta segunda edición los relatos vienen acompañados por un ensayo de Quentin S. Crisp donde analiza de manera absolutamente personal qué es la literatura weird, sus diferencias con el terror convencional, cómo un niño que creció jugando con sombras acabó reverenciando a Lovecraft y cuál es el inefable futuro de la literatura de miedo. Además, también encontrarás un prólogo de las editoras sobre la historia de la literatura de terror.

(Nota: si compraste la primera edición ya fuera de forma separada o como suscriptor, vuelve a tu panel en la tienda y descarga gratuitamente la segunda edición).

sui generis v4.1

 

Portada de Omar Moreno @mekanoide

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Un libro para reunir todos los prólogos

Por petición popular, publicamos en un mismo libro todos nuestros prólogos sobre teoría de la literatura. Gratis en nuestra tienda, Lorem ipsum.

Aunque ya los textos grecorromanos contenían prefacios integrados en su propio comienzo que servían para invocar a las musas y justificar la acción, el prólogo propiamente dicho se asentó con el nacimiento de la imprenta y del libro moderno; de hecho, durante el Siglo de Oro y posteriores, el prólogo se convirtió en un elemento absolutamente indispensable en la publicación de un libro. Y es que el deseo de autores y editores por explicarse ante el lector ha sido siempre muy poderoso. Solo desde finales del siglo XX, el exceso de blurbs, reseñas, cajas promocionales y publicidad que caracteriza al negocio de la edición contemporáneo hizo al prólogo redundante.

Hoy en día, en un giro inverso al del nacimiento de la imprenta, la literatura digital ha vuelto a desnudar al libro de adornos físicos para poner al texto puro delante de nuestros ojos. En el libro electrónico nos quedamos a solas con el texto, sin encuadernación preciosa, ni portada en relieve, ni fuentes elegantes, ni olor a polvo. Por eso mismo, más que nunca, en Fata Libelli hemos querido reivindicar el papel del prólogo como espacio de diálogo entre editores y lectores, de modo que todos nuestros libros vienen acompañados de prólogo del editor, el autor o el traductor. Además, el prólogo nos permitía canalizar a las dos editoras de este modesto proyecto, nuestra pasión por la teoría literaria y tratar de dialogar con los lectores sobre cuestiones de literatura fantástica, terror y ciencia ficción.

Lorem Ipsum de Omar Moreno

Portada, como siempre, de Omar Moreno

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Perturbadora alegría: una historia del cuento grotesco

Robert Shearman no solo es uno de los guionistas más premiados de Doctor Who, es también uno de los escritores más alegremente perturbadores de la fantasía británica actual. Este texto es el prólogo a su excepcional Homo homini lupusuna recopilación de horror hilarante, humor negro e inquietante surrealismo.

El rey bebe

Bill Buford, en su ensayo «The End of the English Novel», recordaba la valoración que Gore Vidal hizo en 1979 sobre la literatura inglesa, cuando afirmó que los escritores británicos de la época cultivaban una ficción de clase media, dirigida a lectores de clase media con problemas de clase media. Buford achacaba esa falta de originalidad en los planteamientos narrativos a la escasez de traducciones que se venían publicando en el país, una escasez que había aislado a la literatura inglesa de influencias externas y la había llevado a canibalizarse a sí misma. Sin embargo, como matizaba el propio Buford después, la crítica de Vidal no era del todo acertada: el panorama llevaba un tiempo cambiando. Ya en los sesenta había aparecido un grupo de escritores experimentales que incluía a autores como Bryan Stanley Johnson, Ann Quin, Alan Burns o Christine-Brooke Rose, si bien ninguno gozó de éxito comercial entre los lectores. El caldo de cultivo del posmodernismo, en su empresa por cuestionar las ideas recibidas, estaba propiciando una nueva ficción alejada del realismo literario «de clase media», una ficción experimental de mezclas heterogéneas y personajes marginales que define una parte importante de la literatura británica actual. Esta literatura de yuxtaposición de opuestos, de desjerarquización de los valores tradicionales, se nutría y se nutre en gran medida de la estética de lo grotesco.

Lo grotesco ha venido resurgiendo en épocas de transición entre lo moderno y lo clásico. El adjetivo se empleó en primer lugar en el ámbito pictórico para describir los motivos decorativos de las habitaciones y pasillos de la Domus Aurea, el palacio de Nerón, hallado en unas excavaciones de finales del siglo XV. En la decoración se combinaban elementos vegetales, figuras teriomorfas y elementos de diversa procedencia profusamente dispuestos en composiciones imposibles. Por ello, lo grotesco comenzó a usarse como sinónimo de lo que es irreal, antinatural y desagradable, en contraposición a la armonía del arte clásico. En esta línea, ya el poeta latino Horacio prevenía contra el efecto irrisorio, monstruoso e inarmónico que conllevaría dejarse arrastrar por incompatibilidades estéticas fruto de una desbocada fantasía: Seguir leyendo →

Novedad: humor negro y terror existencial

Si de algo nos enorgullecemos en Fata Libelli es de traer a nuestros lectores joyas tan brillantes y escondidas como los cuentos del genial y mil veces alabado Robert Shearman: guionista premiado de Doctor Who, dramaturgo, cuentista de terror con un sentido del humor retorcido, oscuro y desternillante.

Un perro y un humano comparten habitación en el infierno; unos padres descubren que su hija de dos años está embarazada; un matrimonio se da cuenta de que los nuevos vecinos, además de una molestia, no son lo que parecen; un extraño secuestro no acaba según lo previsto. En Homo homini lupus encontrarás historias que mezclan la ternura con el espanto, el humor con el terror, lo perturbador con lo cotidiano.

Mi hija Laura está embarazada. Me daría igual, pero es que solo tiene dos años. Su tripita de niña está dilatada por la carga del bebé que lleva dentro. Solo hace nueve meses que empezó a caminar y ahora tiene que hacerlo apoyándose en las paredes porque si no el enorme bulto de la barriga la tiraría al suelo. Mi mujer está tan contenta. Encantada de la vida… [Leer más]

Portada de Omar MorenoPortada de Omar Moreno