El fin de la literatura de género hispana, el comienzo de la cultura global

Cada días más autores hispanos se lanzan a escribir en inglés para acceder al mercado anglosajón. En una cultura globalizada, ¿qué queda de la tradición de género hispana? Este es el prólogo a Verbum, la primera antología de cuentos de género en español de Fata Libelli. ¡Suscríbete!

rough-riders-h

En la guerra hispano-estadounidense por la literatura de género, vamos en desventaja

Fata Libelli nació como una editorial especializada en digital, cuentos de ficción especulativa y traducciones. Ahora bien, ¿tiene sentido apoyar la literatura de género solo mediante textos traducidos? Si estamos dispuestos a arriesgarnos por fomentar la lectura de cuentos de fantasía, terror y ciencia ficción, ¿no deberíamos contribuir a dar a conocer autores hispanos? Nuestro proyecto es fluido y por eso en 2015 abrimos una convocatoria de recepción de manuscritos originales en castellano que poco a poco se fue transformando en una antología. Justo la que tienes ahora entre manos, querido lector. Vaya por delante que esta no es una antología de «lo mejor de tal», ni de «lo más representativo de cual»; no aspiramos a hacer temblar el panorama de la literatura de género ni a sentar cátedras de ningún tipo. Nuestro impulso es más modesto: una recopilación de textos y autores que nos gustan y que queremos compartir con esa comunidad de lectores que nos han ido apoyando desde el comienzo de nuestro periplo.

A la hora de introducir un libro de textos y autores tan diversos unidos solo por el vínculo de la cultura y la lengua hispana, surge una pregunta obvia: hoy en día, en estos tiempos de cultura globalizada, internet, Google Translator, vídeos de gatitos de instantánea fama mundial y bilingüísmo generalizado, ¿sigue teniendo sentido hablar de una «tradición literaria hispana»? En la era global donde todos vemos películas en YouTube grabadas en la otra punta del planeta y leemos textos originalmente escritos en chino o japonés, ¿vale la pena empeñarse en agrupar escritores que tal vez solo tienen en común un territorio de nacimiento y su lengua materna? ¿No tendría más sentido hablar de generaciones de autores a nivel global, agruparlos por afinidades literarias, influencias, temas, estilos… sin dedicar un momento a pensar en qué lengua nativa o país se criaron? La respuesta, ya lo adelantamos, es sí y no al mismo tiempo.

Tal vez ningún escritor de ficción especulativa hispano actual podría negar que, si de influencias se trata, la literatura anglosajona de fantasía y ciencia ficción le ha influido de manera mucho más directa que la española o latinoamericana (aunque solo sea por la fuerza del mercado editorial anglosajón, su predominancia en el canon, la facilidad para encontrar traducciones de grandes obras del género en cualquier librería, la omnipresencia del cine de fantasía y ciencia ficción estadounidense, etc.).

España, es ya tópico decirlo, ha estado falta de una tradición gótica y fantástica como la anglosajona, donde las historias de fantasmas han sido siempre muy populares y cuyo espíritu entronca de manera directa con la novela de fantasía actual. Por supuesto que hay ejemplos clásicos de obras de género fantástico en español, así como de originales novelas de ciencia ficción aparecidas ya incluso en el siglo XIX, pero su influencia posterior ha sido muy limitada. En el caso concreto de la primera ciencia ficción española, aunque libros como El Anacronópete (Enrique Gaspar, 1887) o Ayer, hoy y mañana (Antonio Flores, 1863-64) sean interesantes, quedaron pronto en archivos de los que solo los interesados en el género vinieron mucho después a rescatarlos; además, textos de este estilo fueron escritos en esa época a modo de revancha, para imaginar un futuro donde España se erguiría como potencia mundial, y encima fueron publicados en un momento donde el país carecía tal vez de la cultura científica necesaria para apreciarlos e imitarlos.

verbum_3

En la narrativa de los países latinoamericanos sí que ha latido siempre ese impulso de la magia y la maravilla que a su manera también está presente en el imaginario cultural anglosajón. Muchos autores y movimientos latinoamericanos han explotado con exuberancia la presencia de lo extraordinario en novelas y sobre todo cuentos, incluidos autores tan prominentes como Borges, Donoso, Quiroga, Cortázar, Márquez, etc. Incluso puede que, si la ciencia ficción aparece tal vez más puntualmente en esta tradición (Bioy Casares, el ciberpunk mexicano), sea debido a que el papel que lo tecnológico ha jugado en otros países desde la revolución industrial como medio para visualizar el futuro, en Latinoamérica fuera ocupado también por la fantasía. En todo caso, se diría que los grandes autores fantásticos como Borges han acabado apropiados por «la literatura generalista» en vez de ser clasificados y publicados específicamente como autores de «literatura de género»; y tal vez sea ese el motivo por el que estas colosales figuras no hayan ejercido una influencia tan directa en el desarrollo de la literatura de género hispana. De hecho, llama la atención que la literatura fantástica y de ciencia ficción en España ha obviado por lo normal tomar a Latinoamérica como modelo, para beber con preferencia del referente anglosajón, sobre todo desde que la disponibilidad de traducciones se disparara a partir de los setenta.

La cultura es un concepto antropológico que solía estar ligado a una geografía y una lengua. Conceptos como «La Historia de la Literatura Argentina» o «El Canon Literario Español» se desarrollaron en contextos donde los escritores solo podían tener acceso a un número limitado de textos en otros idiomas (algunos libros traducidos y otros en las pocas lenguas extranjeras que pudieran manejar). Pero en la era de la cultura global, no solo hay infinidad de traducciones profesionales disponibles en cualquier idioma, sino que los aficionados se coordinan en la red para verter a otras lenguas sus textos favoritos e incluso cada día aparecen nuevas herramientas de traducción automática en internet. En esta cultura global, la diversidad de las tradiciones regionales ha quedado encajada en un gran movimiento transnacional. Es decir, las expresiones y símbolos de naciones y etnias diversas se han integrado en la red de la hipertecnología, el capitalismo global y el paradigma de una cultura internacional. La globalización se suele ver como un fenómeno positivo de liberación, intercambio de ideas, enriquecimiento mutuo… pero también hay que tener en cuenta que todo esto se produce en un entorno de descentralización forzada por una economía mundial y sistemas tecnológicos impuestos de forma acelerada para satisfacer las necesidades de industrias y comercios. En otras palabras, la unificación hacia una cultura global implica también, por defecto, el abandono a mera manifestación residual y exótica de muchas diferencias nacionales.

¿Cómo afecta este presente típico de una novela de ciencia ficción a la propia literatura especulativa? Por un lado, la globalización que en los últimos años está viviendo la narrativa de género parece llegar como una buena noticia, pues el poderío del canon anglosajón se está viendo fracturado por la incorporación de autores asiáticos, africanos, europeos… así como por la introducción de nuevos temas poscoloniales, de perspectivas multiculturales y sexualidades no normativas (las polémicas en torno a los premios Hugo los últimos años dan buena muestra). Pero por otro lado, por más que el centralismo de la literatura anglosajona esté mellado, el enorme poder de su industria editorial y de la lengua inglesa siguen imperturbables.

Aun en este mundo globalizado, el mercado anglosajón continúa siendo el más importante para la literatura de género, y el inglés es su lengua de comunicación transnacional. De hecho, no es solo que la cultura estadounidense ejerza aún hoy una influencia excesiva en temas, perspectivas y estilos, es que lo anglosajón sigue siendo el término no marcado (es decir, la tradición anglosajona se toma por defecto mientras que, si se habla de otras tradiciones, es inevitable ver títulos como «Recopilación de ciencia ficción de autores caribeños», «Cuentos de fantasía de autoras asiáticas homosexuales», etc.). Esta perspectiva irá cambiando en el nuevo contexto de la cultura global, pero la transformación será compleja porque el mercado anglosajón sigue viviendo de espaldas a la producción original en otras lenguas; tras un breve boom de traducciones en los sesenta y setenta, los lectores y editores estadounidenses siguen esperando que sean los demás los que entren en el circuito de la lengua inglesa. Esto lleva a que, en la actualidad, el inglés se haya convertido no solo en lengua de lectura para los autores hispanos, sino también de producción, ya que por exigencias del mercado cada vez más autores eligen escribir en inglés para incrementar sus oportunidades de acceder a la publicación profesional.

En resumen, la literatura de género de la nueva cultura global se mueve en un paradigma cada vez más internacional: donde las tradiciones regionales van quedando en meras peculiaridades y que además debe ajustarse a las exigencias del inglés y del poderoso mercado capitalista anglosajón. En este sentido, Istvan Csicsery-Ronay, Jr. augura (en «What Do We Mean When We Say “Global Science Fiction”? Reflections on a New Nexus») que la ciencia ficción global tendrá menos de forma textual y más de actitud específica hacia el mundo, y que los autores de tradiciones heterogéneas que están llegando al género aportarán concepciones narrativas variadas, formas de racionalización alternativas, concepciones del mundo premodernas que saltan directamente al posmodernismo… todo lo cual se traducirá en una expansión de la ciencia ficción clásica hacia la fantasía. Además, Csicsery-Ronay también augura que, por influencia de lo visual sobre las generaciones que se han educado en internet y no en los textos, la imagen sustituirá posiblemente al inglés como lengua común del futuro; todo ello en nuevas formas narrativas donde el videojuego y el cine se mezclarán con lo literario.

Llegado este punto, volvamos a la pregunta del comienzo: ¿tiene sentido hablar de la literatura de género de tradición hispana en una cultura global? Quedándonos en el momento actual, podemos decir que sí, pues estamos en ese punto de inflexión en que todavía es posible ver las particularidades de la cultura hispana y sus preocupaciones propias dialogar con las influencias globales y el canon mundial. De hecho, este libro es un buen ejemplo de ese encuentro entre tradición hispana e influencia anglosajona. En este volumen, Pedraza y Bartual nos traen una revisitación de una historia alternativa de la España reciente; Cotrina y Cañadas se acercan al terror que invade por sorpresa la vida cotidiana; Barragan y Penderton nos hablan de desfiguraciones genéticas; mientras que Montesinos e Hidalgo apuestan por la ciencia ficción y la space opera de sabor clásico. Venga el futuro que venga, aquí va nuestro modesto aporte a la tradición de la literatura especulativa hispana.

Este es el prólogo a Verbum, la primera antología de cuentos de género en español de Fata Libelli. ¡Suscríbete!