Monstruos sureños y escritores salvajes

Nathan Ballingrud es el nuevo nombre reverenciado por los amantes de la literatura extraña e inquietante. Para celebrar la salida en español de su recopilación de cuentos Ecce monstrum, el intrépido Félix García nos deleita con una entrevista sobre monstruos clásicos, horrores modernos, el nuevo cine de terror y el renacimiento del weird. Versión original en inglés disponible en Sense of Wonder.

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FG: Vamos a empezar asumiendo que tanto tú como la mayor parte de autores y lectores actuales se vieron atraídos por primera vez hacia el horror literario por el boom comercial que experimentó el género en los setenta-ochenta (King, Straub, etc.). Sin embargo, muchos habéis acabado cultivando una literatura muy distinta a la de estos modelos formativos. ¿Cuáles crees que son las principales diferencias entre aquella época aparentemente dorada y ésta, que podríamos caracterizar, a falta de una etiqueta mejor, como “renacimiento weird”?

NB: Es una pregunta interesante, aunque no creo que tenga la perspectiva necesaria para responderla. Sospecho que la gente de la siguiente generación estará mejor posicionada para responderla. Una vez dicho esto, los escritores actuales tienen la ventaja de partir de la imaginación de sus predecesores. De la misma forma que ellos escribieron en respuesta a la generación que los precedió, nosotros escribimos respondiéndoles a ellos. Sólo somos la última intervención en una larga conversación.

FG: Por lo que yo sé, tus primeros cuentos comienzan a aparecer en revistas y antologías a mediados de la década pasada dando leña como Atenea recién salida de la cabeza de Zeus, o sea, sin que se perciba ningún tipo de periodo de aprendizaje. Y esto tras lo que me gusta imaginar como una vida lairdbarronesca desempeñando trabajos de camarero en Nueva Orleans y cocinero en plataformas petrolíferas. ¿Cómo llegas a la literatura en ese momento concreto de tu vida?

Como muchos escritores yo ya sabía que quería hacer esto desde que era un chaval. Por supuesto que he tenido un periodo de aprendizaje; lo que pasa es que decidí no proponer la mayoría de esas historias para su publicación, y tuve la suerte de que las que sí propuse fueron rechazadas en su mayoría. Así que aunque parezca que ocurrió de golpe, en realidad me llevó muchos años. Me siento agradecido, en cierto sentido, de que hubiera menos accesos a la publicación cuando tenía veinte años. No me gustaría tener que arrastrar el peso de esas historias tras de mí. Me di cuenta de eso bastante pronto; sabía que no estaba escribiendo el tipo de cosas que sentía que algún día sería capaz de escribir, así que decidí trabajar y vivir en los tipos de trabajos y lugares que pudieran ponerme en contacto con distintas maneras de ver el mundo. En algún momento de mis primeros treinta, sin siquiera pararme a pensarlo, me sentí preparado y empecé a escribir otra vez. Creo que es extremadamente importante para los escritores no aislarse del mundo que los rodea. Hay que mantenerse en contacto con el mundo. Es mucho más importante que estar al corriente de las últimas tendencias literarias.

FG: Centrándonos en North American Lake Monsters, la colección de la que se extraen los relatos que componen Ecce monstrum, detecto una voluntad clara de reformulación en términos contemporáneos  de los monstruos del repertorio clásico, con la notable excepción de los del panteón lovecraftiano. Explícanos un poco esta aversión a los tentáculos.

No tengo ninguna aversión a los tentáculos. Lo paso bien leyendo a Lovecraft y otros tipos de horror cósmico. Pero no refleja lo que llevo dentro: mis propios miedos, ansiedades u obsesiones. No me preocupa la insignificancia de la humanidad, de hecho la encuentro reconfortante. Para escribir de forma efectiva estés escribiendo horror o no lo importante es que escribas sobre lo que te perturba, lo que incordia a tu espíritu o pone una espina en tu corazón. Para mí siempre acaban siendo los malentendidos en las relaciones íntimas, la forma en la que el amor te puede llevar por extraños caminos, muchas veces poniéndote en peligro. Los monstruos clásicos siempre me han atraído mucho; creo que son símbolos poderosos si se usan bien. Parte de la diversión está en redescubrir qué los hace terroríficos. Son herramientas maravillosas para magnificar una gran variedad de temas.

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FG: Tus relatos presentan a personajes en momentos cruciales de sus vidas, justo cuando toman las decisiones que los definen ante los ojos del lector y los suyos propios. En este sentido, las comparaciones con Raymond Carver resultan muy justificadas, aunque en tu caso esos momentos cruciales suelen incluir algún elemento sobrenatural o monstruoso que sirve para amplificar el conflicto o precipitar su resolución. A la hora de construir esos personajes ¿recurres principalmente a la observación, a tu propia experiencia personal o a arquetipos literarios establecidos?

Evito los personajes arquetípicos siempre que es posible. Los arquetipos pueden funcionar para los monstruos, si eres consciente de lo que estás haciendo para evitar caer en el cliché. Para los personajes recurro tanto a la observación como a la propia experiencia. Hay mucho de ambas en North American Lake Monsters. Mucho de mí, mucho de lo que temo que podría llegar a ser, y mucho de lo que observo en la gente a mi alrededor. Los escritores deberíamos ser observadores del drama humano, lo que implica escuchar más y hablar menos. Los escritores deberían hablar a través de su obra.

FG: Te voy a preguntar una cosa muy parecida en relación a las localizaciones de tus cuentos. En un reciente debate, Scott Nicolay destacaba muy elocuentemente la necesidad de utilizar lugares reales con los que uno esté familiarizado y es obvio que este es un método que funciona admirablemente en su caso y en el de algunos autores más. ¿Funciona así en tu caso?

Funciona. La mayoría de mis historias están ambientadas en Nueva Orleans y el sur de los Apalaches, dos lugares con los que estoy familiarizado. La atmósfera es vital para el horror y la dark fiction, y la localización es a menudo el cimiento de la atmósfera. El contacto habitual te da acceso a elementos del setting que no están disponibles para aquellos que no lo hayan experimentado en primera persona: el olor, la presión atmosférica, los rincones ocultos. No llegaría tan lejos como a decir que es una necesidad, pero desde luego es un bonus.

FG: En los últimos años hemos visto algunas películas de horror “indie” como It Follows (2014) o The Babadook (2014) que tienen mucho que ver con lo que se está haciendo en el campo del horror literario, aunque da la impresión de que las grandes producciones de Hollywood siguen remando en la dirección contraria. ¿Cómo entiendes tú las relaciones de influencia mutua entre literatura y cine de horror?

No estoy muy seguro de estar de acuerdo en que esas películas tengan tanto que ver con lo que está pasando en la escena literaria. Tienen un gran efecto sobre los escritores porque son películas muy buenas, pero parecen más comprometidas con los tropos de películas de horror más antiguas que con la actual escena literaria. La nueva serie de Netflix, Stranger Things es otro ejemplo de esto; emplea elementos de horror de los ochenta —King y Spielberg, los más notables— y nada de este siglo. Creo que esto es lo típico. Los escritores están a menudo más influenciados por las películas que al revés. No hay duda de que esto es debido a la naturaleza del negocio del cine, que tiene tendencia a moverse prudentemente y con extraordinaria timidez. Afortunadamente, hay signos de que el mundo del cine está empezando a darse cuenta de lo que pasa a este lado de la valla, con próximos lanzamientos basados en obras de Jeff VanderMeer y Laird Barron. Otros, sin duda, empezarán a filtrarse entre bastidores.

sui generis

FG: Si tuviera que juzgar por tus trabajos más recientes (estoy hablando en concreto de “The atlas of Hell”), diría que se detecta una clara influencia del cómic contemporáneo en la línea de Vertigo o Image, lo que, traducido, significa que hay una importancia creciente de la trama sin que esto vaya en detrimento de la atmósfera weird. A mi entender, esto te aproxima aún más al pulp clásico. ¿Puedes hablarnos de esto y aclararnos si podemos esperar más cosas parecidas en tu producción futura?

Desde luego. Me encantan los cómics y me encanta el pulp. Creo que algunos de los escritores más importantes de hoy en día están trabajando en los cómics Mike Mignola, Emily Carroll y Matt Fraction, por nombrar unos pocos. Me encanta la imaginación salvaje, el esfuerzo por entretener, la búsqueda del disfrute. Ninguna de estas cosas se lleva mal con la atmósfera, sea weird o de otro tipo. Muy al contrario, el pulp y las atmósferas son primos hermanos. El desafío está en evitar el cliché. Parte del atractivo del pulp ha residido tradicionalmente en la recurrencia de ciertos escenarios y resoluciones predecibles, en funcionar como una especie de zona de confort. Cuando trabajo con esos materiales, intento subvertir esas expectativas. Al igual que en algunas de mis primeras historias, como “Acre salvaje” o “El buen marido” (ambas incluidas en Ecce monstrum, N. del T.), trato de usar elementos de género en este caso, elementos de pulps y cómics para contar historias diferentes, que pueden conducir a finales inesperados. Me estoy divirtiendo muchísimo siguiendo esta nueva dirección.

FG: En España existe un arraigado prejuicio a favor de la novela. Las editoriales afirman que las colecciones y antologías (dos cosas que no existen como categorías separadas en el mercado español) se venden menos y los lectores parecen ansiosos de castigarse las muñecas con tochos cuanto más gruesos mejor. Frente a esto, existe una opinión muy extendida en el mundillo de la literatura de horror, opinión que se remonta nada menos que a Edgar Allan Poe y que afirma que el cuento corto es el vehículo idóneo para el terror literario, o, incluso, que la sensación de horror no se puede sostener adecuadamente durante toda la longitud de una novela. Como escritor que ha alcanzado notoriedad como autor de relatos cortos y, al mismo tiempo, está escribiendo al menos una novela (que yo sepa), ¿dónde te sitúas en esta polémica?

Creo que hay novelas que tienen mucho éxito manteniendo la atmósfera de horror (La Maldición de Hill House, de Shirley Jackson, Burnt Offerings, de Robert Marasco [traducida al castellano como Holocausto,  N. del T.] o No One Gets Out Alive de Adam Nevill) pero es verdad que los ejemplos afortunados escasean en formato largo. El horror es algo que depende mucho de la atmósfera y los personajes, así que se da muy bien en las longitudes que van del cuento a la novela corta. No puedes considerarte un connoisseur de la ficción terrorífica si no has leído mucha ficción breve. La mayoría de los auténticos clásicos están ahí.

FG: Por último, ya han pasado dos años desde la publicación original de NALM y lo que tus lectores entregados queremos saber es si hay alguna nueva colección de relatos en el horizonte inmediato y si ésta estará compuesta exclusivamente por material previamente publicado o por material inédito, quién la publicará… en fin, queremos saber todo lo que se pueda saber en estos momentos.

¡Claro! Mi próxima colección de relatos saldrá publicada pronto probablemente en 2017 por Small Beer Press. Se va a titular The Atlas of Hell: Stories, y va a tener muchos cuentos que participan de los temas pulp de los que hemos hablado. En su mayoría serán reimpresiones, pero debería tener un par de piezas nuevas. Va a tener un tono muy distinto de North American Lake Monsters, pero manteniendo la misma estética subyacente así que espero que vuelva a enganchar a los lectores.

Si quieres saber más de Nathan Ballingrud, puedes leer un avance de Ecce monstrum.

Gracias de corazón a Félix García por la entrevista y la traducción.