Prólogo a un libro de prólogos

Por petición popular, publicamos en un mismo libro gratuito todos nuestros prólogos sobre género y teoría de la literatura: Lorem ipsum. Para bajar en nuestra tienda o en Lektu.

Una obra literaria consiste básicamente en un texto, pero rara vez este se presenta fuera de un formato físico conocido como libro, el cual a su vez suele constar de cubierta, título, prólogo, dedicatoria, ilustraciones, fotos, títulos de capítulos, notas a pie de página, bibliografías… y su lanzamiento suele venir además acompañado por una campaña de entrevistas, reseñas, promociones, notas de prensa, apariciones públicas del escritor y otros muchos recursos mediáticos. Normalmente se llama «paratextos» a todos estos elementos de naturaleza diversa que se asocian para presentar un libro, hacerlo más atractivo a ojos del posible comprador y dar al lector algunas pistas de lo que se va a encontrar dentro.

En otras palabras, los muy diversos elementos del paratexto cumplen, en buena medida, una función de refuerzo que tiende a compensar la distancia entre autores y lectores, reconstruyendo un contexto compartido para que el lector sepa qué puede esperar de un libro. Es cierto que la presencia o ausencia de estos heterogéneos mecanismos a medio camino entre lo comercial y lo literario no cambia la sustancia del texto en sí, pero constituyen un umbral de preparación para el lector porque anticipan información sobre el contenido y cómo debe ser interpretado. También es verdad que algunos elementos del paratexto sólo ofrecen una información neutra acerca del libro (como el lugar y el año de publicación), pero la mayoría transmiten auténticas instrucciones de uso destinadas a que el lector pueda seguir la historia e interpretarla del modo previsto por el autor (por ejemplo, un solo vistazo a una cubierta en una librería puede indicar a un lector si cierto libro es una novela de ciencia ficción o erótica; y ¿cómo leer el Ulises si no se titulara Ulises?).

Por supuesto, la influencia que ejercen sobre el lector algunos paratextos es más evidente en unos casos (el título, la portada) que en otros (una reseña, una nota al pie del traductor). Sin embargo, de entre todos los paratextos, el prólogo alcanza una posición de especial relevancia por su extensión, su papel bien asentado en la historia literaria y su capacidad comunicativa. Y es que en los prólogos escritos por el propio autor, este puede dirigirse de forma directa a su público no ya sólo como creador sino también como lector y comentarista retrospectivo de su propia obra, de modo que puede explicar, por ejemplo, en qué circunstancias se gestó ese libro. Por otra parte, en el prólogo de una obra de ficción todavía es la voz del autor real quien habla al público, sin ceder aún su puesto al narrador imaginario que guiará el resto del texto. En consecuencia, lo habitual es que los lectores tendamos a interpretar todo lo dicho en los prólogos como una declaración veraz del autor, y esto ocasiona que algunos prólogos puedan aprovecharse de nuestro horizonte de expectativas para proponer jugar con la verosimilitud de la historia (los prólogos de «manuscritos encontrados» donde el autor juega a confesar que él solo ha sido el editor de una historia ajena, como Don Quijote, El manuscrito encontrado en Zaragoza o El nombre de la rosa).

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Portada, como siempre, del gran Omar Moreno

El deseo de autores y editores por explicarse ante el lector ha sido siempre tan poderoso que aunque el prólogo propiamente dicho —como la mayoría de los elementos paratextuales que hoy conocemos— se desarrolló con el nacimiento de la imprenta y del libro moderno, ya los más remotos textos épicos griegos contenían prefacios integrados en su propio comienzo que, a modo de presentación, servían para invocar a las musas y justificar brevemente la acción. Mucho después, en la comedia latina de Plauto y sobre todo de Terencio, el prólogo empezará a desarrollar con fuerza una de sus características más reconocibles: el intento de crear un clima de acogida propicio para la obra a través de la captatio benevolentiae. Este esfuerzo retórico por ganarse la confianza del público en el preámbulo acabaría por generar con los siglos una cierta conciencia de la función independiente del prólogo, así como un estilo retórico más o menos reconocible. Con el nacimiento de la imprenta y la profesionalización de la edición a partir del siglo XV, el prólogo exento que hoy conocemos alcanzó ya su forma casi definitiva. Y es que la producción seriada de libros que trajo la imprenta no solo permitió la especialización y división del trabajo editorial, sino sobre todo, un cambio radical en la concepción del autor —que se fue convirtiendo en un profesional con derechos intelectuales sobre su trabajo y con expectativas económicas sobre sus textos— y en la concepción de qué es un libro. De este modo, los elementos paratextuales presentes en los libros aumentaron en respuesta a las nuevas estrategias de mercado (nuevos formatos y tapas) y a la progresiva institucionalización de la producción cultural (aparición del nombre del autor en la portada, mención a la casa impresora, colofón, sello editorial) hasta irse convirtiendo poco a poco en el artefacto cultural que hoy conocemos.

Hoy en día, en un giro inverso al del nacimiento de la imprenta, la literatura digital ha vuelto a desnudar al libro de adornos físicos para poner al texto puro delante de nuestros ojos. En su inmaterialidad, el libro electrónico carece de mediaciones paratextuales tan fuertes como el papel o las cubiertas; la portada en un libro digital se ve plana, a veces en blanco y negro si es reproducida en un e-reader, o diminuta si se ve desde un móvil; las fuentes tipográficas, los espacios y el interlineado son ahora variables; paratextos como el blurb y las fajas, que antes destacaban por su importante papel a la hora de explicar el argumento y las bondades del libro al posible comprador, palidecen ahora ante la abrumadora cantidad de información accesible en redes sociales y reseñas en blogs. Por eso mismo, más que nunca, en Fata Libelli hemos querido reivindicar el papel del prólogo como paratexto tradicional que aún pervive en el universo digital. Además, el prólogo nos permitía canalizar a las dos editoras de este modesto proyecto, nuestra pasión por la teoría literaria y tratar de dialogar con los lectores sobre cuestiones que nos apasionan de la literatura fantástica, terror y ciencia ficción.

Los siete prólogos incluidos en este volumen dan cuenta del primer año y medio de vida de Fata Libelli y recogen todos los prólogos escritos por las editoras, dejando de lado los redactados por los propios autores o traductores. «La historia del miedo» fue el prólogo a nuestro primer libro, Sui generis: una recopilación «weird», y en él exploramos los orígenes de la literatura de terror y el estado actual de esa inquietante y perturbadora variante narrativa que se suele llamar weird. En «La subversión de la fantasía», prólogo a Hic sunt dracones: cuentos imposibles de Tim Pratt, exploramos qué separa la literatura fantástica de la realista y cómo la fantasía vulnera las leyes de la realidad para poner patas arriba nuestras preconcepciones sobre el mundo. «Oscuros retoños» es una introducción a Ominosus: una recopilación lovecraftiana y revisa la influencia de Lovecraft sobre los escritores de terror contemporáneos y cómo el pastiche de su obra ha ido dejando paso a referencias más sutiles. «Más ficción y menos literatura» fue el prólogo a Arcana mundi: relatos de fantasía y ciencia ficción de la gran Elizabeth Bear, en él analizamos los orígenes del prejuicio contra la literatura de género y exploramos la división entre literary fiction y genre fiction para oponerla a la más fructífera separación entre literatura y ficción. «El ocaso del furor poético» es un análisis de la vieja disyuntiva entre inspiración poética y aprendizaje técnico que sirvió de prólogo a la novela breve Tejedora, de Nina Allan. Luego, «Pasión por los mundos imaginarios» fue el prólogo a la gran recopilación de relatos El ciclo de Xuya, de Aliette de Bodard, y en él nos preguntamos de dónde procede nuestra pasión por desarrollar y ampliar los universos imaginarios que nos plantea la fantasía. Por último, «La historia de lo grotesco» recoge el prólogo a la recopilación de relatos alegremente perturbadores del gran Robert Shearman, Homo homini lupus.

Fata Libelli es una apuesta de ilusión y amor por la literatura, así que esperamos que este Lorem ipsum sea solo el primero de una larga colección de libros recopilatorios de prólogos.

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