Entrevista con Laird Barron: miedo e inspiración

Uno de los autores de Ominosus: una recopilación lovecraftiana nos habla de la esencia del terror.

Laird Barron es uno de los autores de horror y literatura weird más brillantes de la actualidad. Se crió en Alaska en condiciones de gran escasez, ejerció de corredor de trineos y de pescador en el mar de Bering y ha pasado buena parte de su vida en el salvaje noroeste de Estados Unidos, cuyos inhóspitos parajes han ejercido una importante influencia en su literatura. Sus relatos y novelas destacan no solo por su capacidad para inspirar un profundo terror de raíz lovecraftiana, sino también por su cuidado lenguaje. Así puede verse en su brillante «El don de la oportunidad», publicado en Ominosus.

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Doré

Fata Libelli: Tu obra ha sido incluida en varias antologías relacionadas con los mitos de Cthulhu y tu nombre suele ir asociado con el adjetivo «lovecraftiano». Pero más que contribuir a los mitos per se, sueles enfocarte en otros aspectos de dicho universo: una sensación de fatalidad inminente, revelaciones oscuras. Aunque meter un par de Antiguos en una historia puede resultar muy divertido, parece que hoy en día los editores están más interesados en otros aspectos del universo literario de H. P. Lovecraft, que no buscan tanto imitaciones o derivaciones sino obras originales que evoquen una sensación lovecraftiana. ¿Qué crees que significa el adjetivo «lovecraftiano»? En tu opinión, ¿cuál es el legado literario del escritor de Providence?

Laird Barron: Hola, gracias por la entrevista.

«Lovecraftiano» suele emplearse para hablar de los elementos de horror cósmico de la ficción: los tentáculos y los monstruos de otra dimensión. La jurisdicción de Lovecraft fue mucho más amplia. «El grabado en la casa» es mi relato favorito de Lovecraft y demuestra su querencia por el clásico terror emocional.

Parece que, gracias sobre todo a los esfuerzos del incansable S. T. Joshi, el legado de Lovecraft se ha asociado casi totalmente con el weird más oscuro. Lovecraft es ahora mismo el padrino del horror cósmico.

FL: Suele decirse de Lovecraft que tiene un profundo «sentido del lugar». Lo mismo te ocurre a ti con tu pasión por la costa noroeste de los Estados Unidos. Además, es de suponer que haber vivido en Alaska habrá dejado huella no solo en tu personalidad sino en tu voz literaria. ¿Crees que lo fantástico (ya sea ciencia ficción o terror) tiene tanto que ver con el espacio y el lugar como con los personajes? ¿Crees que de algún modo el lugar te escribe a ti?

LB: La ambientación suele ser un aspecto crucial de la ciencia ficción, la fantasía y la ficción histórica, pero al final depende del propósito y el estilo de un autor en particular. Soy un producto de mi entorno: Alaska, Wisconsin, Montana, el valle del Hudson… Siento una afinidad vital por los escenarios rurales y por la naturaleza salvaje en el arte. Como he dicho en otras ocasiones, mis años de formación en Alaska, viajando con huskies por tierras indómitas, sobreviviendo a las ventiscas y a otros peligros, congelándome y muriéndome de hambre, tuvieron en mi alma un efecto de escarificación. Transmito esa grieta en todo lo que escribo. A veces es invisible. De vez en cuando, desfigurante.

FL: El weird, el terror, aunque sigue siendo el hermano pequeño de los otros dos géneros del trío de lo fantástico (por debajo de la fantasía y la ciencia ficción), parece estar más vivo que nunca. No es que muriera alguna vez, pero sí que parece estar experimentando un resurgimiento. Ahora, con la serie de televisión True Detective, los hay que discuten o incluso leen a Ligotti, los hay que investigan quién era Robert W. Chambers y, con suerte, los que busquen más lecturas. Por lo que concierne al relato, este año el Nobel se lo llevó Munro, conocida por cultivar el formato breve. Sumando todo esto ¿crees que las estrellas ahora mismo están alineadas y que el relato quizá el relato de terror se granjeará más lectores? ¿O esto pasará como una corriente efímera?

LB: Esto también pasará. Pero cabalguemos la ola hasta que dure.

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Laird Barron

FL: Y volviendo a True Detective, la serie de la HBO ha mostrado que el género negro y el terror combinan a la perfección (curiosamente, el propio Pizzolatto te mencionó como uno de los escritores de terror que hay que leer). Tú, como McCarthy, te sitúas a medio camino entre la novela negra y lo terrorífico. ¿Qué conexión existe entre los dos géneros que los hace tan buena pareja?

LB: El noir y el terror son siameses. Los dos abordan diversas manifestaciones de la oscuridad, del mal que hacen los hombres, de las sombras que nos acechan. Los personajes de un relato noir raras veces son ajenos al terror, y los protagonistas de los relatos de terror que viven en los márgenes se deslizan hacia una pesadilla de género negro con terrible facilidad. Hay un sombrío fatalismo inherente a las mejores obras de ambos géneros, la sensación de caer hacia lo más profundo de un abismo. Suscitan un morboso interés por seguir esa caída hasta su conclusión lógica.

FL: En otras entrevistas has dicho que las novellas y las novelletes son el mejor formato para el terror. De hecho, yo creo que ese es el formato en el que tú mismo destacas, con obras como El don de la oportunidad (The Men From Porlock) o Hand of Glory, por ejemplo. ¿Es una longitud con la que te sientes cómodo? ¿Fue más difícil escribir tu novela The Croning? ¿Quieres adentrarte en formatos más largos?

LB: Siento preferencia por las novelettes y las novellas. Una obra más larga permite mayor complejidad en el desarrollo de los personajes, más tramas secundarias y digresiones. Escribir novelas de terror es complicado porque resulta difícil aumentar la intensidad y mantener la sensación de temor durante mucho tiempo. Lee las obras de Peter Straub (Fantasmas, sobre todo) si quieres asistir a una lección magistral sobre cómo plasmar el terror en una obra de la longitud de una novela. Él es el maestro moderno.

Escribir The Croning me resultó muy difícil porque toda mi vida estaba siendo azotada por una traumática tempestad. Como consecuencia, redacté la mayor parte de la novela mientras visitaba a mi hermano Jason y a su mujer Harmony en su casa de Montana. Pasé ocho meses en un barracón componiéndola mientras todo lo demás se desmoronaba. Salí del fuego muy cambiado.

En las novelas está el dinero. Escribiré más.

FL: Ballard dijo, en un famoso consejo para escritores, que tenías que ser fiel a tus obsesiones. No es, desde luego, una sugerencia técnica, pero siempre me ha parecido uno de los mejores consejos a seguir, sobre todo cuando te sientes inseguro de si lo que estás escribiendo merece la pena o de si a alguien le van a interesar tus historias. ¿Crees que ser fiel a tus obsesiones es algo que en cierto modo alimenta tu ficción?

LB: Los consejos de escritura, los consejos técnicos y muy en especial los consejos programáticos son casi siempre estupideces. Están las buenas prácticas y las reglas básicas (hechas para ser rotas por cualquier escritor que se precie), pero en general lo que funciona para mí no le va a servir de nada a otro.

Dicho esto, yo meto la cita de Ballard en los consejos para la vida. Si aspiras a la excelencia, la obsesión te ayuda a blindarte contra las adversidades que irán a tu encuentro. Averiguar cuáles son tus obsesiones es la parte difícil. Lo mejor para saberlo es alejarte del teclado o dejar a un lado el bolígrafo y vivir. Si vives con la intensidad suficiente tendrás algo de lo que escribir y puede que incluso sepas lo que de verdad quieres decir. Esto es lo más parecido a un consejo de escritura que me siento capaz de ofrecer.

FL: Por denostada que esté hoy en día la idea de «inspiración», aún tenemos la noción romántica de que no hace falta más que escribir desde determinado estado de ánimo, que el resto es dejar fluir la historia. Pero también hay escritores muy técnicos que se obsesionan con la forma y la composición y que por tanto corren el riesgo de matar la historia, de que salga muerta. Me parece, aunque no soy la primera en decirlo, que esto se remonta a Horacio por lo menos, que el arte es una mezcla de inspiración y técnica. ¿Cuál es el proceso que sigues tú?

LB: En estos tiempos, escribir es mucho más fácil. En estos tiempos, escribir es mucho más difícil. Depende del día. Es más fácil en el sentido de que no me faltan ideas. He escrito tanto y con tanta constancia durante los últimos años que soy capaz de fijar las ideas tan rápidamente como germinan en mi subconsciente. El proceso creativo real es relativamente orgánico: creo un marco sencillo para contener la semilla de una idea la semilla candente y dejo que se geste. Es curioso, pero buena parte de dicha gestación se produce por sí misma a poco que te retires y dejes que las fuerzas naturales operen a su aire. Se trata tan solo de no determinar de antemano cómo terminará una historia, ni qué dirección tomará la narración para llegar a su destino.

Lo difícil para mí es acallar la voz revisora mientras estoy escribiendo un borrador. Soy muy crítico; rara vez me siento satisfecho. Lo bueno del trabajo constante es que tienes fechas de entrega y estas te obligan a desprenderte de las historias. El desprendimiento nunca me ha resultado fácil.

FL: Hablando de otra clase de inspiración, ¿qué artistas, literarios y de otro tipo, te inspiran?

LB: ¿Las raíces de mi inspiración literaria? Peter Straub, Michael Shea, H. P. Lovecraft, Roger Zelazny. Estos son los autores que me alimentaron de joven. Entre mis autores contemporáneos favoritos están John Langan, Stephen Graham Jones, Livia Llewellyn, Normal Partridge y Aimee Beamer.

Gran parte de mi sustento proviene de la poesía y la música. Me entusiasma la poesía de Charles Simic, Ted Hughes y Anne Sexton. Por lo que concierne a la música, soy más de canciones que de artistas, pero en el fondo soy un amante del rock and roll. Johnny Cash, Blue Oyster Cult y The Police me han inspirado a lo largo de toda la vida.

Haber tenido cierto éxito en el negocio editorial me ha permitido trabajar con unos cuantos artistas visuales: pintores, artistas gráficos, ilustradores… David Ho hizo un trabajo espléndido con mi primera novela, The Light Is the Darkness.

The Light Is the Darkness ilustrado por David Ho

FL: No recuerdo de quién es esta cita, me temo, pero alguien, al ser preguntado «¿por qué publicamos?» respondió «para dejar de corregir». Pero lo cierto es que para un escritor el trabajo no acaba cuando ha entregado la historia al editor. En un extremo tenemos el caso de Raymond Carver, cuya imagen literaria fue construida por su editor, Gordon Lish. Pero eso es poco frecuente, y, bueno, si quisiera un autor distinto del que tengo contrataría a otro. Lo normal en el trabajo del editor es presentar al autor con su mejor voz sin cambiarla. ¿Qué tal es tu experiencia con los editores?

LB: Un buen editor sabe cuánto presionar, cuándo presionar y cuándo retirarse. No van por ahí jodiéndole la voz a un autor. De hecho, mis editores, en varias ocasiones, han defendido mis decisiones artísticas durante el proceso de corrección. Un buen corrector es el escudo y la armadura de un escritor. Un mal corrector es un desastre.

En general, mi experiencia editorial ha sido estupenda. He tenido la suerte de trabajar con gente como Ellen Datlow, Gordon Van Gelder y Ross Lockhart.

FL: Hoy en día parece imposible que un escritor esquive las redes sociales (bueno, no siempre, mira a Ligotti). Los autores noveles corren el riesgo de pensar que si vives en Twitter, como Scalzi (no te lo tomes a mal, Scalzi, ¡te queremos!) las novelas se venderán solas. En el otro extremo, puedes hacer un Pynchon y ponerte una bolsa de papel en la cabeza. La promoción puede parecer inevitable cuando eres un autor autopublicado, pero cuando te apoya una editorial esperas que hagan ese trabajo por ti. ¿Qué piensas de la promoción? ¿Te quita mucho tiempo?

LB: La promoción es parte del trabajo pero tampoco me roba la vida.

FL: Espero sinceramente que esta entrevista no te haya quitado demasiado tiempo o que, al menos, no te haya resultado demasiado aburrida. Muchas gracias por responder. ¿Te gustaría añadir algo más?

LB: En absoluto, y gracias de nuevo. En este momento estoy ocupado con muchos proyectos, incluyendo una docena de relatos para varias antologías. También he terminado una novela negra y tengo casi acabada otra colección: una de terror/suspense con Alaska como elemento central. Michael Kelly y yo estamos dándole los últimos retoques a la primera de una serie de antologías, Year’s Best Weird Fiction, volumen uno. Tenemos grandes esperanzas puestas en esa serie.