Entrevista con Peter Watts (2): El mundo de mañana

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Peter Watts es un autor canadiense de ciencia ficción dura, biólogo marino y experto en cuestiones relacionadas con la inteligencia, la conciencia y la definición de “ser vivo”. También es autor de Ad astra, una imprescindible recopilación de relatos de fantasía científica.

Estos días os ofrecemos una entrevista en tres partes donde le interrogamos, primero, por conceptos biológicos presentes en su narrativa, ahora por sus opiniones sobre el futuro de la ciencia y de la ciencia ficción, y finalmente hablamos de su experiencia personal en el mundo editorial.

 Hoy, hablamos con él sobre cómo imagina el futuro.

FL: Visión ciega cuenta la historia de un grupo bastante peculiar de astronautas enviado en una misión para investigar una posible vida extraterrestre. ¿Cómo es la sociedad que financia Teseo, la extraordinaria nave enviada a la misión? ¿Cuál es el estado político y económico del mundo hacia el 2080?

PW: Imaginé un mundo casi al borde de una economía de la abundancia: cada día más gente se registra en el Cielo (el cual, una vez has sobrepasado cierta economía de escala, reduce sobremanera los costos de mantener a la gente viva), la tasa de nacimientos se ha desplomado (gracias a la aparición de formas de sexo virtual que eclipsan al real) y la tecnología de fragmentación de antimateria llevada a cabo en la Formación de Ícaro promete una fuente virtualmente ilimitada de energía limpia para aquellos que escojan permanecer despiertos y activos. Pero todavía no hemos llegado a la cúspide, de modo que la urgente construcción del megaproyecto de vanguardia Teseo logra devolver a los gobiernos mundiales a un modo de gasto deficitario cuando las Luciérnagas aparecen para entregarnos su aviso.

FL: ¿Qué opinas sobre la actual privatización de la carrera espacial? ¿Te parece positiva, un fracaso del sector público o algo intermedio?

PW: Creo que con tal de que empecemos a mover el culo y salgamos ahí fuera de una vez me da bastante igual cómo lo hagamos. Confieso que siento una ligera preferencia personal y egoísta por la privatización, aunque solo sea porque un modelo de negocio con ánimo de lucro y sustentado por sus pasajeros tiene más papeletas de llevar al espacio a alguien como yo. (Vale, esto incrementa mis oportunidades de una entre mil millones a una entre un millón, pero me doy por satisfecho). Además, la típica desventaja de la privatización (el impacto negativo que la economía a corto plazo suele tener en el medio ambiente) no es tan problemática cuando tu “medio ambiente” es el vacío profundo.

FL: ¿Crees que la investigación submarina será objeto del mismo proceso de privatización? ¿O hay menos incentivos económicos bajo el agua para atraer a las grandes compañías?

PW: Dos palabras: sulfuros polimetálicos. Cuando todavía estaba escribiendo mi primera novela, seguía con atención la explotación comercial del lecho marino e incluso introduje el tema como elemento menor de la trama. Hasta podía remitir a respetables artículos académicos que surgían de vez en cuando para respaldar mi opinión. Pero a lo largo de las últimas décadas no parece que haya habido muchos cambios en ese frente.

No hay de qué preocuparse. Estuve en Noruega el año pasado y tuve la oportunidad de hablar con un tipo que había descubierto algunas comunidades de fuentes hidrotermales en el Atlántico norte, de modo que estaba más enterado de todo lo concerniente a este asunto de lo que yo lo estaré nunca. Le pregunté acerca de minería submarina en aguas internacionales, y dice que estamos “justo al borde” del despegue triunfal de esa clase de tecnología.

No parecía feliz al respecto. Creo que teme por la supervivencia de los ecosistemas abisales que lleguen a cruzarse en el camino de las iniciativas comerciales. No creo que nadie en sus cabales pueda estar en desacuerdo con él.

FL: Imagina por un momento que eres un optimista realista…

PW: Soy un optimista realista. O mejor, soy un optimista poco realista. Los mundos que invento no contienen fundamentalistas religiosos que estrellan aviones contra edificios, ni políticos que comienzan guerras con falsos pretextos para que sus colegas se forren con la industria del combustible fósil. ¿Qué podría ser más optimista y menos realista?

FL: Pues como optimista poco realista, ¿cuál tu sabor favorito de singularidad? ¿Uno en el que te sentirías a gusto viviendo?

PW: Creo que tal vez en la visión de Hans Moravec del reemplazo incremental: cambia tu cerebro neurona a neurona, haz la subida tan progresiva que no notes jamás el cambio. Es la única manera que se me ocurre de evitar esa cuestión de la muerte/resurrección que tanto tememos visceralmente. (Es decir, en serio, ¿ realmente te someterías a un escaneo cerebral destructivo que te desgarrara sinapsis a sinapsis sólo porque sabes que cierta entidad con tus recuerdos y tu sentido del “yo” terminará habitando un cuerpo robótico o una red online en algún lugar? Si tu clon te pusiera una pistola en la cabeza y te dijera “Te voy a matar ahora mismo, pero no te preocupes: tengo las mismas rutas neuronales que tú así que seguirás viviendo dentro de mí”, ¿te serviría de consuelo?).

FL: Según algunos autores y críticos (como William Gibson y Paul Kincaid entre otros), escribir ciencia ficción hoy en día está volviéndose cada vez más difícil porque el mundo actual cambia tan aprisa que cualquier intento de describir el futuro está condenado a parecer obsoleto para cuando un libro es finalmente publicado. ¿Estás de acuerdo con que mantener el ritmo de los avances tecnológicos y científicos es un problema para la ciencia ficción?

PW: Dios, sí. En mi ya lejana trilogía Rifters predije un montón de cosas (sistemas meteorológicos en Internet, ecoturismo submarino… esas cosas) que yo pensaba que era plausible que sucedieran en los siguientes cuarenta años. Pero empezaron a aparecer en el mundo real en meses en vez de en décadas. El relato más riguroso de ciencia ficción dura que jamás he escrito (incluso había una derivada parcial incluida en el maldito texto) pasó de ser especulación de vanguardia cuando lo vendí a estar completamente obsoleto para cuando salió impreso. Asimov y los suyos nunca tuvieron semejante problema. Podían escribir un montón de historias ambientadas en un Mercurio en rotación síncrona y pasaban décadas hasta que alguien los sacaba de su error.

Menos mal que la ciencia ficción no va realmente de predecir el futuro, ¿eh?

FL: Pues mira, en relación con la pregunta anterior, ¿crees que el principal objetivo de la ciencia ficción es predecir el futuro o especular libremente sobre el desarrollo técnico y sus consecuencias?

PW: Lo segundo. Predecir el futuro es una empresa abocada al fracaso; la realidad tiene demasiadas variables. Por supuesto, es posible mencionar docenas de predicciones de la ciencia ficción que resultaron ciertas al cabo del tiempo. También es posible mencionar cientos de miles que no. Tiras un millón de dardos hacia el futuro y algunos darán en la diana, pero solo por pura casualidad.

No creo que la ciencia haya ido jamás de predecir el futuro: lo que hace es presentar una serie de futuros posibles, alternar situaciones hipotéticas que podrían tener lugar a consecuencia de algún evento primordial. La ciencia ficción no llega a tanto como a hacer predicciones sino más bien a hacer preguntas. No dice “Esto sucederá” sino “Imagina que esto sucediera, entonces ¿qué?”.

[[Aquí la tercera parte de la entrevista.]]