中国科幻小说

En otras palabras, la ciencia ficción china se perfila como la próxima gran moda mundial del género y su heraldo es Liu Cixin.

A pesar de que en los próximos años vamos a oír hablar mucho de ella, la ciencia ficción es todavía un género menor en China, destinado en buena parte a lectores jóvenes, con un tufillo didáctico y publicado esencialmente en revistas especializadas.

Aunque, claro, “género menor” en un país como China quiere decir cosas como que la revista SFW (pieza clave en el desarrollo de la ciencia ficción china) calcula tener alrededor de un millón de lectores. O que el escritor Liu Cixin ha conseguido vender más de medio millón de copias de su trilogía The Three Body Problem* entre viejos amigos del género y lectores nuevos que antes jamás se habían acercado a este tipo de literatura. La esperadísima traducción al inglés del primer libro de dicha trilogía (a cargo de Ken Liu) será publicada a finales de este año, y su presumible éxito mundial facilitará sin duda que muchos autores de éxito en China sean también traducidos al inglés en los próximos años.

Y es que al igual que la expansión económica de Japón convirtió al país en un referente cultural en los ochenta y en fuente de inspiración para movimientos como el cyberpunk, el crecimiento actual de China hace prever que en breve se convertirá en una nueva potencia cultural internacional.

Por tanto, en previsión de que los próximos años marquen el comienzo de una edad de oro de la ciencia ficción en China similar a la que se vivió en Estados Unidos en los cincuenta, la emblemática revista Science Fictions Studies ha dedicado su último número a analizar la historia del género y sus implicaciones nacionales. Sobre todo porque la ciencia ficción (tal vez por las expectativas utópicas y las críticas sociales que proyecta) retrata mejor que ningún otro género la forma en que toda China lleva un siglo moviéndose aceleradamente para encontrar su futuro.

Ama la ciencia, estudia ciencia, utiliza la ciencia.

La ciencia ficción china parece tener una querencia especial por temas políticos relacionados con el papel de China en la política del futuro y su tensa relación con otras naciones extranjeras (aka, Estados Unidos).

La fantasía de inspiración científica llegó a tierras chinas justo a comienzos del siglo XX. Y más que como una forma literaria, fue acogida como una herramienta ideológica para diseminar valores científicos en una sociedad que se enfrentaba por primera vez de forma masiva con la tecnología, para expandir las teorías darwinianas y para expresar el descontento con el régimen feudal de la ya decadente dinastía Qing. En esos años Lu Xun traduce a Julio Verne al chino mientras se popularizan obras de viajes a la luna y fabulosos encuentros con alienígenas. Liang Qichao publica The Future of New China (1902), Huang Jiang Diao Suo Tales of the Moon Colony (1904), Dong Hai Jue Wo A Tale of New Mr. Braggadocio (1905,  obra inspirada en una versión japonesa de las aventuras del barón de Münchausen) y Lao She publica su clásica distopía Cat Country (1932).

Es un periodo de sueños utópicos sobre el brillante futuro de China inspirados por el periodo Meiji japonés y el modo en que la sociedad nipona se había adaptado a Occidente. Pero también es una época de crítica social donde algunos autores describen alegóricamente una China enferma y conquistada por occidente (de modo que la ciencia ficción fue, al mismo tiempo, un instrumento del proceso de colonización cultural y una herramienta de lucha contra la influencia de las potencias extranjeras).

Con los años, según el panorama político se complica, la ciencia ficción pierde popularidad. Y esta tendencia se agudiza tras el nacimiento de la República Popular China (1949), tal vez porque los dictados comunistas no sirvieron para estimular la creatividad. De hecho, aunque algunas campañas de los cincuenta trataron de volver a promover el interés por la ciencia y la ciencia ficción de inspiración soviética, los resultados se quedaron en historias didácticas destinadas a niños.

Sólo a partir de 1978 (cuando Deng Xiaoping accede al poder) comienza una época de nuevo esplendor para la ciencia ficción. En esta época, además, se traducen montones de autores clásicos estadounidenses como Asimov, Clarke y Bradbury, mientras la influencia de la literatura soviética decrece progresivamente. Ye Yonglie publica una de las historias más populares del momento, Xiao Ling Tong’s Journey to the Future (1978), sobre un editor que viaja al futuro. El concepto, novedoso para la China del momento, convirtió la novela en un éxito y revivió la especulación científica de aspiraciones prácticas como un proceso valioso.

Eso sí, la rápida popularización del género quedó parada de golpe por una “campaña contra la contaminación espiritual” [sic] que hizo que el género fuera tachado de falso, engañoso y anticomunista por ciertos medios, lo que llevó a muchos a autores a cambiar de género o a dejar de escribir inmediatamente. Hasta Ye Yonglie, de ideas bien ortodoxas, tuvo que refugiarse en las historias de detectives y abandonar casi por completo el género de la ciencia ficción.

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En los noventa el género se asienta ya finalmente y establece una continuidad que llega hasta nuestros días (salvo por problemillas como lo de la prohibición de los viajes en el tiempo y tal). En este periodo aparece una nueva ola de autores de ciencia ficción chinos cuyas cabezas visibles son Wang Jinkang, Liu Cixin y Han Song (los famosos tres “generales”).

El prolífico Wang, que comenzó su carrera literaria con cuarenta años y casi por accidente, es famoso por obras como “The Reincarnated Giant” y Ant Life, donde vuelve sobre sus experiencias en la Revolución Cultural (tuvo que pasar varios años en una comuna agrícola). Liu Cixin está cercano a los autores de ciencia ficción más clásicos, sobre todo a Arthur C. Clarke. Su ficción (The Three Body Problem, “The Wandering Earth”, “The Micro-Age”, “Mountain”…) propone historias de amplio alcance científico y social, siempre muy imaginativas y donde la fragilidad del ser humano contrasta con la inmensidad de las fuerzas cósmicas. Han Song es, además de escritor, un respetado periodista, de modo que sus textos tienen un componente político cercano a la filosofía de la primera ciencia ficción china. Buena parte de su ficción, abiertamente crítica, está censurada en China. Entre sus obras, las más famosas son 2066: Red Star Over America y Subway. Otros autores del momento son La La, Chang Jia, Xia Jia, Chen Qiufan, He Xi y Fei Dao.

Hace una década, Lavie Tidhar se lamentaba de los tabúes políticos y del papel oficial propagandístico que limitaban la expansión de la ciencia ficción china, así como de la fuerte influencia que los contenidos traducidos desde el inglés y también el japonés tenían sobre el género. La fantasía siempre ha sido más popular en el país, tal vez porque enlaza con temas también presentes en la tradición literaria china, mientras que la ciencia ficción carece de enlaces y modelos autóctonos claros. Sin embargo, esta tendencia está cambiando gracias, entre otras cosas, a la popularidad de novelas como las de Liu Cixin y al desarrollo en las últimas décadas de una comunidad muy potente de lectores y escritores. Queda por tanto ver ahora si The Three Body Problem es realmente la clave para dar una nueva vuelta de tuerca al género en China.

Si has llegado hasta este punto del artículo, te estarás preguntando que por dónde puedes empezar a leer. Pues bien, Hot in China publica ediciones muy baratas de obras de Liu Cixin que de vez en cuando pueden descargarse gratis de Amazon (el blog de Odo publica información puntual a este respecto y tiene una interesante entrevista con la editora de Liu). Además, es posible comprar el reciente número que la revista de traducción Renditions ha dedicado a la ciencia ficción china, tanto a la de primera época como a la contemporánea. Aunque la revista sólo se vende en papel, se puede leer un relato de Liu Cixin en línea. De Han Song hay un relato gratuito disponible aquí.

*Cito todos los títulos de este artículo en su traducción al inglés para utilizar nombres consensuados y no tener que inventarme nombres chorras en español.