Elektrobiblioteka

Waldek Wegrzyn es un estudiante de diseño polaco cuyo futuro deben de estar rifándose una docena de multinacionales desde que hace unas semana publicó un vídeo donde muestra paso a paso cómo ha creado Elektrobiblioteka, un proyecto que pulveriza las diferencias entre libros en papel y libros digitales al poner en comunicación lo mejor de cada mundo. Vale mucho la pena tomarse unos minutos para verlo:

El proyecto de Wegrzyn se ha vuelto especialmente popular en Internet por un par de motivos: primero porque acaba para siempre con la eterna pregunta de por qué al comprar un libro en papel no puedo acceder también a su versión digital y viceversa; y segundo, porque no propone sustituir una tecnología por otra sino que admite la tranquilizadora convivencia de ambas.

Salga adelante comercialmente o no, este proyecto se suma a la larga lista de ideas más o menos sensatas sobre cómo adaptar el libro a las tecnologías actuales y a todas las evoluciones que están por venir. Una evolución que más allá de causar diversos dolores de cabeza a autores, a editoriales, a distribuidores y a los demás miembros de la tradicional cadena del libro, resulta especialmente interesante porque nos ha hecho finalmente preguntarnos qué es en esencia un libro.

Si el volumen lujosamente encuadernado que guardamos en una estantería puede ser lo mismo que un archivo .epub colgado de una web, ¿quiere decir que un libro es básicamente un texto tal y como fue pensado por el autor no importa el formato físico en que se publique? ¿O en realidad un libro cambia según las peculiaridades y adaptaciones que cada nueva edición o formato le va añadiendo?

David Kastan decía que la primera de estas perspectivas es “platónica” (o filológica) porque defiende que el libro es siempre el mismo no importa si nos lo encontramos manuscrito, encuadernado o en bytes, mientras que estaríamos en una perspectiva “pragmática” (bibliófila) si pensamos que el texto se ve afectado por el formato o tipo de edición en que puede ir apareciendo.

Tal vez desde la Ilustración ha venido primando la idea de que un libro es siempre el mismo aunque en cierta edición esté bien o mal corregido, editado en tapa dura o cartoné, sea un audiolibro o un libro digital; lo único importante es que transmita la voluntad original del autor. Pero como cualquiera que haya tenido que enfrentarse a un libro mal maquetado o peor corregido sabe, la materialidad del texto sí influye mucho en su lectura y a veces determina que acabemos por abandonarla.

Más aún, todos conocemos la existencia de libros que son incomprensibles fuera de la disposición de un formato o tipo de edición concretos: la adaptación de House of Leaves a ebook cambia para siempre el lenguaje y significado del texto al igual que lo haría su adaptación al cine, los textos digitales permiten una lectura tridimensional e inacabable gracias a los hiperenlaces que es imposible reproducir en el papel, y para los lectores de la era anterior a la imprenta, la letra manuscrita podía transmitir significados subjetivos que la aparición de la tipografía borró para siempre.

House of Leaves

Es decir, los textos y la lectura que hacemos de ellos se ven afectados en cierta medida por formatos y ediciones; pero es que además, desde un punto de vista histórico, la tecnología y las costumbres editoriales han sido las auténticas responsables de forjar el concepto ‘libro’. Del mismo modo que el perfeccionamiento de la imprenta acabó con los códices y permitió la aparición del libro entendido como conjunto de páginas encuadernadas, hoy en día la digitalización ha reducido la noción de libro, en su estructura conceptual más básica, a un flujo de texto capaz de reproducirse en multitud de dispositivos.

¿En qué se diferencia leer un libro sobre la historia de España de leer un artículo de la Wikipedia sobre la historia de España? ¿Cómo de diferente es un ebook recopilatorio de los mejores artículos de un periodista de las páginas web donde se pueden leer esos artículos publicados a lo largo del tiempo? En líneas generales un ebook es básicamente una página web aislada; un texto al que se le ha impedido conectarse con otros mediante hiperenlaces para favorecer su parecido con la experiencia lectora del libro tradicional. Por eso, hoy en día un libro (en papel y digital) es básicamente un flujo de información estático y delimitado.

¿Qué será entonces un libro en el futuro? Con toda probabilidad un conjunto de información delimitada pero capaz de permitir una lectura de vagabundeo parecida a la que fomenta la red. Tal vez sea un libro más social, con un contenido adaptado a cada usuario y diferentes finales como en la narrativa de los videojuegos, de modo que aunque haya sido creado por un único autor (por la peculiar naturaleza expresiva de la literatura) tenga posibilidad de interacción y cambio, sin cerrar nunca… un libro, en definitiva, que puede transformarse para contener todos los libros, infinito como el manual ilustrado para jovencitas de Neal Stephenson o el libro de arena de Borges.

P. D.: para terminar, una charla especialmente divertida e iluminadora sobre la evolución de las especies librescas.