De cómo Bruce Sterling nos confundió para siempre

Allá por el lejano 1989, siendo todavía un jovencito cyberpunk, Bruce Sterling tuvo la ocurrencia de escribir un artículo que lleva más de veinte años carcomiendo la vida de varias generaciones de críticos y aficionados a la literatura especulativa. En ese desasosegante artículo, Sterling analiza básicamente la confluencia que se estaba empezando a producir entre la ciencia ficción tradicional y cierto tipo de literatura antirrealista que justo entonces comenzaba a florecer.

En concreto, Sterling trataba de rastrear el nacimiento de una nueva forma de literatura especulativa, escrita generalmente por autores de fuera del género, a la que él bautizó slipstream (a modo de parodia de lo mainstream). El origen de este nuevo modo de escritura, según Sterling, habría que buscarlo tras el boom de la literatura de ciencia ficción en los sesenta, y radicaría en el afán con que muchos escritores posteriores habían empezado a apropiarse de técnicas y de temas exclusivos hasta entonces de la ficción especulativa.

Por ejemplo, el slipstream habría heredado de la ciencia ficción su tono radicalmente antirrealista, metaliterario, irreverente con la historia, plagado de regresiones infinitas, trampantojos, violaciones de los límites del punto de vista, ucronías… pero sin su rigor científico ni su afán de extrapolación. En opinión de Sterling, la extrañeza del realismo mágico o el profundo antirrealismo de ciertos libros de Burroughs, Auster, Atwood, Pynchon o Lessing serían un ejemplo acabado de slipstream. (Una lista más dispersa, aquí).

“Yo nunca he roto un plato”, Bruce Sterling

Como nada complace más a un crítico que el tierno olor de un neologismo, el concepto de slipstream disfrutó de un amplio éxito durante la década siguiente. Probablemente porque aunque su definición era muy vaga, había dado en el clavo de una realidad que justo estaba empezando a nacer y para la que todavía no había mejor explicación. En otras palabras, ¿cómo clasificar los mundos de Houellebecq o el estilo de Vonnegut? ¿cómo definir a Chabon, que ha ganado un Hugo, un Nebula y un Pulitzer? ¿dónde clasificar estilos mixtos como el New Wave Fabulism, el New Weird o la Interstitial Fiction?

Por ello, no contento con haber sumido en la desesperación a incontables críticos, Sterling volvió a la carga diez años después para tratar de delimitar qué es el slipstream en un nuevo artículo. Aquí, apura su definición aclarando que la literatura slipstream no es una ciencia ficción mejor escrita, no es necesariamente futurista, ni tecnófila, pero sí es posmoderna, antidogmática, fragmentaria y subjetiva; es decir, no es una ciencia ficción más literaria, sino una forma narrativa que comparte el espíritu y algunos de los recursos de la ciencia ficción pero los utiliza para investigar otros temas y otras experiencias. Por ejemplo, permite analizar la nueva represión femenina a través de un mundo distópico en El cuento de la criada de Atwood.

En este sentido, la escritura slipstream parece inextricablemente unida al romance que todos los géneros y la literatura popular viven desde hace ya unas décadas, todos ellos habituados ya a mezclarse sin pudor y olvidados de los prejuicios que antes distinguían la alta literatura de la baja (donde se encontraba, por supuesto, la ciencia ficción). Y es que éste es, precisamente, el rasgo más definitorio de toda la literatura de finales del siglo pasado y comienzos del actual: la difuminación de fronteras entre géneros y el préstamo indiscriminado de recursos entre diferentes tradiciones.

En fin, hace poco comentábamos que tal vez corren malos tiempos para la ciencia ficción, pero probablemente sea mejor decir que corren malos tiempos para los géneros estrictos.

 

P. D.: para saber más, algunas reseñas de @literfan.