Maniáticos japoneses

Póngase delante del espejo y repita tres veces ‘Edogawa Rampo’:

Edogawa Rampo,
Edoga Waram Po,
Edgar Allan Poe.

El extraño sujeto conocido como Edogawa Rampo (o ‘el Poe nipón’) es un clásico de la literatura detectivesca y de horror gótico japonés de principios del siglo XX. Su nombre real era Hirai Tarō, pero adoptó el de Edogawa Rampo como homenaje a su querido Poe, aunque también admiraba a Arthur Conan Doyle, G. K. Chesterton, Fiódor Dostoyevski y Ruiko Kuroiwa.

Su literatura de tono sádico, extraño y demente —muy representativa del tono de buena parte del género de misterio japonés— ha inspirado los ambientes de Resident Evil, el guion de incontables películas y la trama de numerosos mangas. De hecho, se le considera padre o difusor del ero guro nonsensu, ese género en que pensamos cuando pensamos en lo más raro de Japón, y que consiste en un erotismo perverso, deforme, grotesco.

Sus relatos más famosos (muchos disponibles en español gracias a Jaguar) fueron traducidos primero al inglés en un tortuoso proceso de cinco años donde Rampo analizaba obsesivamente cada frase antes de permitir al traductor seguir adelante. De entre ellos, los mejores se ambientan en situaciones claustrofóbicas, de angustia física, donde la fuente de horror radica en las transformaciones monstruosas del cuerpo de los protagonistas.

La silla humana” (que Harlan Ellison escogió como su historia de horror favorita) es una mezcla de relato de locura y de investigación donde un hombre pelín fetichista se camufla dentro de un sillón para poder estar cerca de los cuerpos de las mujeres que se le sientan encima. En el relato “La oruga” (censurado durante la Segunda Guerra Mundial) se narra la malsana convivencia de una esposa con su marido amputado de piernas y brazos durante la guerra. Y en “El infierno de los espejos”, un científico loco en la más pura línea Mary Shelley se obsesiona con la óptica y conduce experimentos con espejos hasta que acaba perdiendo el juicio.

Todos estos elementos se dan la mano en el excelente La bestia entre las sombras, un cuento pulp del periodo más grotesco de Rampo sobre identidades secretas, violencia y sexo. Una aceleración de todos los temas del cine negro y la literatura popular japonesa mezclado con una ambientación europea digna del salón de té de Oscar Wilde.

Una oda al 'camp'

Respecto a sus relatos detectivescos, los más famosos están protagonizados por Kogoro Akechi: un detective con insuperables dotes de investigación heredero de Sherlock Holmes, que también es un excéntrico genio del disfraz y maestro judoka. La novela más famosa de dicho ciclo es La lagartija negra: en ella, Akechi debe capturar a una escurridiza ladrona de joyas con la que mantiene una ambigua relación.

(No pudo dejar de cotillear por aquí que en los años sesenta Mishima adaptó el guión de la icónica versión cinematográfica e incluso hizo un cameo con poca roca; y que, en dicho film, la villana era interpretada por el drag queen Akihiro Maruyama, que precisamente era en esa época amante de Mishima… Como no podía ser de otro modo, es una película de culto hoy en día).

En definitiva, todas las contradicciones de Rampo, su querencia por mezclar lo japonés y por lo occidental muestran lo complejas que fueron las primeras décadas del siglo XX para los escritores japoneses: unas décadas en que el Japón feudal abandonó su aislamiento absoluto para lanzarse al imperialismo desbocado y a dos sangrientas guerras mundiales; los mismos años en que un país muy conservador andaba todavía decidiendo cómo asumir la brutal influencia de la literatura occidental. En este sentido, Rampo no resulta interesante sólo por ser uno de los padres del horror contemporáneo, sino también por representar las contradicciones de todo un país en uno de los momentos más complejos de su historia.