El futuro de la ciencia ficción

La misma noción de que una vez existió una “Edad de Oro de la ciencia ficción” da a entender que hoy vivimos en una edad de plata, de bronce o incluso, según algunos, de hierro. Como si los máximos frutos del género estuvieran ya agostados; como si el empuje de la ciencia ficción de los cincuenta se hubiera diluido durante las últimas décadas en novelas cada vez menos arriesgadas y menos comprometidas con el futuro.

El agotamiento de la ciencia ficción

Por ejemplo, en este polémico artículo de Los Angeles Review of Books Paul Kincaid hace notar ese pesimismo de algunos aficionados y profesionales del género despedazando con parsimonia varias antologías de “los mejores relatos de ciencia ficción del año”. En su opinión, al revisar dichas antologías uno diría que la mejor ciencia ficción contemporánea está compuesta esencialmente por relatos fantásticos; todos ellos estupendos desde un punto de vista literario, pero sin asomo de compromiso social, ni ideas originales sobre nuevas tecnologías, ni una pizca de interés por describir el rostro del mañana.

Y es que a su modo de ver, la magia y las soluciones irracionales que permite la fantasía hacen que muchos autores de ciencia ficción hayan dejado de esforzarse por buscar razonamientos profundos que expliquen con rigor cómo funcionan las tecnologías del futuro (y, como ejemplo de esta ciencia ficción ‘exhausta’* cita, entre muchos, Silently and very fast, que narra la toma de conciencia de una IA en el tono de un cuento de hadas).

Unos lectores impertérritos ante aquellos que vaticinan la decadencia de la ciencia ficción

La razón de este descarado deslizamiento de la ciencia ficción hacia la fantasía, según Kincaid, puede hallarse en que los escritores de hoy en día están abrumados por la velocidad de los cambios tecnológicos actuales, y por tanto, se sienten incapaces de lanzar predicciones rigurosas sobre un futuro donde incluso las ideas más locas quedan obsoletas en apenas unos años. De primeras puede parecer una idea superflua, pero de hecho, es básicamente la razón por la que William Gibson declaró que estaba alejándose cada vez más de la ciencia ficción: porque el mundo en que vivimos es tan extraño que resulta difícil imaginar su futuro.

Partiendo de todo esto, Jonathan McCalmont publicó otro artículo flamígero criticando (entre una laaaarga lista de cosas) que la ciencia ficción contemporánea ha dejado de lado su espíritu de rigor científico para revolcarse sin pudor en lo fantástico (Weird) y en la nostalgia de un pasado inocuo (Steampunk). En su opinión, la mezcla de géneros, aunque interesante desde un punto de vista literario, está alejando a la ciencia ficción de su verdadero espíritu, que en medio de la actual crisis económica debería consistir en proponer alternativas viables al capitalismo.

La verdad, el artículo de McCalmont está plagado de ideas interesantes, pero su inflexible criterio deja a un lado cualquier aspecto artístico de la ciencia ficción y olvida que la mezcla de géneros no es una extravagancia de unos pocos, sino uno de los rasgos básicos de toda la cultura moderna. De hecho, esta experimentación con los límites de la escritura es justo el motivo de que la ciencia ficción se haya convertido en un género de moda entre multitud de autores de literatura convencional, como Margaret Atwood (que tal vez hace vudú a cualquier crítico que ose llamarla “escritora de ciencia ficción”, pero ha tenido sus escarceos con el género), Cormac McCarthy, Kazuo Ishiguro y otros. Uno puedo pensar que este tipo de escritura transgénero (“slipstream“) generaliza y resta rigor a la ciencia ficción, pero también ha acercado las inquietudes sociales del género a un público lector mucho más amplio.

El futuro de la ciencia ficción no es apocalíptico

Una imagen mucho más positiva sobre el presente y el futuro de la ciencia ficción la pinta Neal Stephenson. Él también parte de la idea de que el género está hasta cierto punto abrumado ante la velocidad a que se mueve el presente y atascado en una serie de tópicos catastrofistas sobre el futuro. Pero Stephenson tiene un plan (es un vídeo corto, pero hay una versión larga muy recomendable):

Según Stephenson en los años cincuenta la ciencia ficción transmitía una confianza casi ingenua en el futuro a modo de reflejo de la positiva confianza con que aquella sociedad miraba su porvenir (porque aunque la ciencia ficción parezca hablar del futuro, en el fondo siempre está hablando del presente). Sin embargo, en la actualidad a muchos autores del género les resulta muy difícil escapar del tópico del futuro posapocalíptico donde una catástrofe ecológica, económica o tecnológica ha puesto en jaque a la humanidad. Y es que la ciencia ficción contemporánea transmite el miedo y la confusión con que hoy en día nos relacionamos con una tecnología cambiante, cuyos fines son difíciles de entender y su evolución difícil de prever. De ahí que mediante el proyecto Hieroglyph Stephenson trate de inspirar el avance tecnológico promoviendo la escritura de historias de ciencia ficción positivas, donde la tecnología colabora al desarrollo de un contexto específico y cercano.

En este tipo de iniciativas la ciencia ficción recupera su carácter social sin limitar en exceso su creatividad. Pero si de todos modos te quedan dudas sobre que la ciencia ficción no está acabada, nada mejor que animarte a escribir un relato de ciencia ficción sobre ello.

*Si esto de la literatura ‘exhausta’ te dice algo, bingo, Kincaid no usa el término por casualidad.