El final de la edición

Donde también se avanzan algunas teorías reseñables sobre la autopublicación y las aventuras de los profesionales editoriales en los años venideros.

Al ser interrogado sobre los grandes cambios que el mundo editorial está viviendo en la actualidad, el escritor y gurú tecnológico Clay Shirky sentencia que el negocio de la publicación no está evolucionando, sencillamente está desapareciendo. Y es que en su (pelín dramática) opinión, la raíz de la revolución que está sufriendo este segmento del mercado no radica solo en la expansión del libro digital, sino en un proceso tecnológico y cultural mucho más amplio: el hecho de que ya no es necesario adelantar dinero ni contar con un grupo de expertos para asumir la dificultad que antes conllevaba hacer público un contenido; esto puede hacerse ahora con solo apretar el botón “Publicar” en un blog, una red social o en una plataforma de autoedición.

En otras palabras, si pensamos un poco en la evolución reciente de los procesos de distribución de contenido, veremos que hasta no hace tanto (¿quince años?), todo lo que pensábamos, lo que escribíamos, la música que componíamos, las fotos que tomábamos… se mantenían en privado por defecto. Por lo general, era necesario contar con el apoyo de un grupo empresarial (una editorial, una discográfica, un promotor…) para hacer llegar nuestro trabajo al público. Hoy en día sin embargo no se requiere ninguna habilidad profesional ni invertir ningún capital para hacer llegar a otros el contenido que creamos; en realidad publicar es casi la opción por defecto para alguien con un móvil o acceso a Internet.

El próximo reader de Apple.

Por eso, concluye Shinky, internet ha dejado súbitamente obsoleta toda la maquinaria editorial. Día tras día, publicar y vender un libro de forma independiente se va convirtiendo en un asunto trivial para muchos autores, hasta el punto de que la oferta de ebooks disponibles empieza a ser abrumadora. En este panorama hipercompetitivo, la figura del editor seguirá ocupando un papel de importancia, pero ¿qué valor distintivo podrán aportar los grandes grupos editoriales? ¿Cómo podrán esas empresas seguir viviendo de un servicio que ahora está al alcance de cualquiera?

El autor / editor / community-manager / vendedor

Por supuesto, el fenómeno de la autoedición no es nuevo, solo una aceleración de un proceso anterior. Antes de la llegada del ebook, también había autores-editores que elegían publicarse de forma independiente, aunque sus obras rara vez llegaban a distribuidores nacionales y carecían del aura de calidad que otorga un sello editorial (en inglés, el viejo concepto de “vanity press” da una idea clara de las connotaciones que solía tener esta práctica). Los avances de la era de internet, sin embargo, han convertido la autopublicación en una práctica prestigiosa y técnicamente sencilla para muchos autores. Y es que transformar una novela en un ebook de texto plano, distribuirlo mediante alguna librería online y promocionarlo en redes sociales está al alcance técnico de cualquier autor.

Según un estudio reciente los libros autoeditados representan ya el 3-5% de todos los ebooks publicados en Estados Unidos. Dicha tendencia se afianzará aún más en los próximos años gracias al crecimiento imparable de nuevas plataformas de autoedición, cada vez más atractivas y fáciles de usar, que serán las verdaderas encargadas de dar al traste con la vieja maquinaria editorial. Además de las tradicionales Lulu, Smashwords o Bubok, otras plataformas como Byeink, Vook o Leebre se proponen como herramientas integrales destinadas a que el autor digital gestione desde un solo punto la edición, diseño, distribución y venta de sus libros. Coliloquy incluso permite que la comunidad de lectores intervenga activamente en el desarrollo de cada capítulo y ayuda al autor a determinar el argumento que más interesa a su público.

En este panorama, la autopublicación se ha convertido ya en un competidor peligroso para las editoriales tradicionales, que ven cómo el escritor contemporáneo se va transformando en un emprendedor dispuesto a gestionar todos los activos de su propia empresa, desde su obra a su imagen pública. Al fin y al cabo, muchos autores noveles pueden hallar en la autopublicación un camino veloz para darse a conocer, y los veteranos (si ya cuentan con prestigio, una comunidad lectora y conocimientos sobre el mercado editorial) pueden encontrar en la emancipación de sus editores una forma rápida de acrecentar sus beneficios. Y es que, en efecto, uno de los atractivos más evidentes de la autopublicación radica en que, en vez de conformarse con recibir un avance modesto, los escritores tienen ahora la tentadora posibilidad de obtener el setenta por ciento de las ventas de sus libros con solo cumplir los requisitos de precio de Amazon.

Ahora bien, aunque técnica y socialmente viable, la autopublicación constituye hoy una alternativa todavía incierta en el aspecto económico. Frente al éxito descomunal de Amanda Hocking o E. L. James, un estudio de Publishing Perspectives mostraba que en 2011 solo setenta escritores autopublicados en todo el mundo vendían más de ochocientos ebooks al mes. Y hace unos meses The Guardian sacaba a la luz los resultados de una encuesta realizada a más de mil autores autopublicados según la cual el dinero que éstos ingresan de media anualmente está en torno a los diez mil dólares (aunque la mitad de ellos no llega a ingresar ni quinientos). En otras palabras, al igual que sucede en el mundo del libro en papel, solo un pequeño porcentaje de autores se lleva el grueso de las ventas totales.

Todo esto antes eran editoriales.

El autor emprendedor y el editor-agente

¿Cómo destacar entonces en el superpoblado mundo de la autopublicación? Ewan Morrison explica en este excelente artículo sobre redes sociales y mundo editorial que muchos especialistas digitales tienden a recomendar a los autores independientes seguir el principio de Pareto en su estrategia editorial; es decir, pasar solo el veinte por ciento de su tiempo escribiendo y el otro ochenta por ciento ampliando su comunidad de posibles compradores en las redes sociales. Como es lógico, muchos encuentran deprimente esta perspectiva (dado que el objetivo de convertirse en escritor suele ser, precisamente, poder dedicarse a escribir), cuando no directamente inviable (los escritores noveles también tienen trabajo, familia y esas cosejas).

En este sentido, la explosión abrumadora de libros autoeditados abre un rico nicho para la evolución de la figura del editor independiente. En este imprescindible artículo de Arantxa Mellado se apunta, entre otras cosas, cómo es posible que en los próximos años el editor vaya también sumando rasgos de agente, ya que en un mundo saturado de productos parecidos, con una oferta interminable, será útil contar con un experto en promoción que ayude al autor a convertir su nombre en una marca, a identificar a su público, a dirigirse a él, a ajustar los precios, etc.

Por el contrario, resulta más difícil saber cuál es el futuro de los grandes (cada vez más grandes) grupos editoriales. En el artículo de Mellado también se mencionan algunos de los planes que ciertas empresas editoriales están desarrollando de cara a mantenerse a flote en este nuevo panorama. En general, parece que muchas pondrán en marcha sus propias plataformas de autopublicación o se asociarán a las existentes para rastrear autores potenciales y convertirlos en asociados, con más privilegios y libertad para decidir el destino de sus obras que ahora.

En definitiva, la transición al libro digital determinará (ya lo está haciendo) un cambio radical en los procesos de edición y distribución. Pero la autoedición electrónica tiene el potencial de ser el verdadero agente de cambio del mundo editorial, convirtiendo a los autores en el eje de los procesos comerciales.