Pero ¿por qué los libros digitales son tan caros?

Cuando uno compara la materialidad de un libro impreso traído hasta nuestras manos mediante un largo proceso logístico con la inmaterialidad de un archivo que nos descargamos en apenas unos segundos de una web, parece evidente que un libro digital debería ser muchísimo más barato que su correlato en papel. Pero ¿cuánto más barato? ¿Hay forma de alcanzar un precio estándar teniendo en cuenta la extrema variedad del mercado del libro? ¿O es que en realidad los libros electrónicos no son tan asequibles de producir?

Como todo producto cuyo precio no haya sido decidido con una tirada de dados, los precios se acuerdan tomando en consideración motivos económicos y motivos psicológicos; es decir: el coste de producción y el precio que la gente está dispuesta a pagar por productos similares. Amazon, antes de aterrizar en España, nos había acostumbrado a ver precios de ebooks por debajo de los diez dólares ya que en Estados Unidos los vendedores finales tienen el privilegio de poder vender los libros incluso por debajo del coste de producción. Pero en España (al igual que sucede en Alemania, Francia, Austria y otros tantos países con leyes de precio fijo) los editores ponen precios y los vendedores tienen un margen limitado de descuento (con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva).

Pues bien, vayamos al grano. Primero de todo, los motivos económicos del precio: ¿cuánto cuesta crear un libro digital?

Pues… em… bueno, me temo que es difícil responder a esta pregunta así en general, porque el mercado editorial es variadísimo. Pero de primeras, cabe distinguir entre los libros que han sido digitalizados y aquellos que son nativos digitales.

Hay que tener en cuenta que, por ahora, los libros digitales que uno encuentra a su disposición en cualquier tienda online son, en su inmensa mayoría, versiones electrónicas de libros que han sido editados en papel. En este interesante artículo Richard Curtis (que lleva en la industria del libro digital desde el año 2000) explica con minucioso detalle que digitalizar (bien) un solo libro impreso (escaneo, corrección, digitalización, adaptación a diferentes lectores) puede incurrir en gastos de hasta 1.600 dólares; y que cuanto más bajas el precio del libro electrónico, más difícil se va volviendo recuperar el dinero invertido. Pero mira, al menos en este caso los gastos de traducción y primeras pruebas de corrección se comparten con la versión en papel.

Ahora bien, cada vez existen más editoriales nativas digitales (Sinerrata, Musa a las 9, Editorial Intangible…) que publican sólo libros electrónicos sin versión impresa. Por supuesto, trabajar exclusivamente en digital tiene la ventaja de que permite poner en marcha una editorial pasando por alto los altísimos costes iniciales y complicaciones logísticas que conlleva la edición tradicional. Pero no todo el monte es orégano. Publicar un libro nativo digital arrastra casi todos los mismos gastos que la edición de un libro en papel… más unos cuantos propios. Anticipos de derechos de autor, traducción si la hubiera, edición, corrección editorial, diseño de cubierta e interiores, ilustraciones, maquetación en epub, creación de una versión mobi para Amazon, maquetación en otros formatos si fuera necesario (PDF por ejemplo), introducción de metadatos, comprobación de funcionamiento en los dispositivos mayoritarios, corrección de defectos de funcionalidad, subida del archivo a diferentes tiendas online, inversión en publicidad y creación de un plan de ventas. Más el tiempo que un profesional deba invertir en coordinar todo esto, claro.

Afortunadamente, tanto los libros digitalizados como los nativos digitales están exentos de varios costes: los gastos de imprenta (aunque éste suele ser el concepto más barato de todos lo implicados en el coste unitario de un libro en papel), el oneroso almacenaje de las copias y parte del porcentaje asignado a distribución. Pero como el advenimiento del libro digital no ha impedido que siga siendo necesario gestionar y vender los libros en puntos de fácil acceso para los usuarios, Amazon, Apple o Google hacen hoy las veces de distribuidor-librería y se quedan con un porcentaje del precio bruto de los libros. (Así pues, si tienes una editorial favorita y quieres asegurarte de que el precio que pagas por su libro se reparte íntegro entre ella y el autor, compra directamente en su web para ahorrarles los porcentajes de distribución).

También hay que señalar que parte del ahorro que supone la publicación de libros digitales se compensa por el hecho de que los porcentajes de derechos de autor han crecido (del 10 por ciento en papel al 25 por ciento o más para digital) y los gastos de publicidad se han acrecentado (porque conseguir visibilidad en Internet es infinitamente más barato que pagar por tener un hueco en la mesa de novedades de las cadenas de librerías, pero requiere de un trabajo de promoción constante frente a una cantidad cada vez más numerosa de libros en la web).

Por último, hay que contar con ese 21 por ciento de IVA con que en España están gravados los libros digitales frente al 4 por ciento de sus correlatos en papel. La lógica detrás de esta injusticia es que al comprar un libro digital en realidad no estás adquiriendo más que una licencia de uso (algo que por cierto no siempre es verdad).

En fin, veamos un ejemplo ficticio con números redondos. Una pequeña editorial publica un libro electrónico que cuesta 10 euros (12,10 con IVA) y del que espera distribuir a lo largo del tiempo 1.000 ejemplares (prevemos ventas bajas dado que las ventas de libros electrónicos apenas suponen un 3 por ciento del negocio editorial actual). Al autor le corresponde un 25 por ciento de derechos (2,5 euros de cada libro) y un adelanto de 2.500 euros. Luego, la cantidad invertida en distribución puede ser muy variable, pero pongamos que llega al 30 por ciento más o menos (3 euros del libro). Al 55 por ciento que se queda el editor hay que restarle una posible traducción (pongamos 2.600 euros para una novela pagada a 11 euros la plantilla, precio normal para una editorial pequeña), corrección (a unos 400 euros, si pagamos a 0,80 el millar de matices) y gastos varios de maquetación, diseño, conversión a distintos formatos, nueva revisión y campañas de publicidad. Llegados a este punto, si el editor no llega a acercarse a la previsión de ventas que tenía programada (al menos más de 850 ejemplares), está peligrosamente cerca de no ver ninguna ganancia.

Otros cálculos pueden verse aquí, y también aquí.

En definitiva, aunque dar cifras exactas que sirvan para todo el mercado del libro es sencillamente imposible, cabe decir que los libros digitales son definitivamente más baratos de producir pero que también incurren en numerosos gastos, sobre todo si hablamos de libros nativos electrónicos.

Y a pesar de todo, resulta evidente que los editores españoles todavía no han dado con un precio que satisfaga los motivos psicológicos que determinan qué cantidad estamos dispuestos a pagar por los contenidos digitales. Los libros electrónicos carecen del glamur que solíamos asignar a los de papel y por ende tienen menos valor en nuestra escala de precios. Por desgracia muchas editoriales (ganándose a pulso el apocalipsis empresarial que parece cernirse sobre ellas) han adoptado la costumbre de quitarse de encima el problema sin reparar en que muchos usuarios sí están dispuestos a pagar por sus libros.

En resumen, los libros electrónicos nos tienden a parecer caros no sólo porque sean mucho más baratos de producir, sino porque no les otorgamos el mismo valor que a sus hermanos de papel.