Todo esto sucedió, más o menos

Con poco más de veinte años y en plena Segunda Guerra Mundial, Kurt Vonnegut vivió la triple paradoja de ser un soldado estadounidense de orígenes alemanes, de vivir capturado como prisionero de guerra por los germanos y de sobrevivir al salvaje bombardeo de Dresde ejecutado por ingleses y norteamericanos.

Más aún, inmediatamente después del bombardeo, Vonnegut pasó días recorriendo la ciudad arrasada, sacando cadáveres de entre los escombros e incinerándolos. Una experiencia que lo traumatizaría de por vida aunque al principio ni él mismo fuera consciente del alcance de la masacre que había presenciado (ya que, durante años, el Gobierno estadounidense se guardó de airear las cifras de muertos).

A la vuelta de la guerra, Vonnegut tuvo trabajos convencionales en empresas anodinas mientras escribía relatos e impartía talleres literarios. Sólo logró alcanzar reconocimiento como escritor ya casi al borde de la cincuentena, al tiempo que veía fracasar su primer matrimonio y trataba de alimentar a la media docena de niños que tenía entonces bajo su tutela. Y justo sería Matadero 5 (1969), la catártica novela basada en sus experiencias bélicas, la que lo colocaría en el canon literario estadounidense.

Hasta entonces, Vonnegut había escrito numerosos relatos y cinco novelas donde fantasía, ciencia ficción, novela policiaca, metaliteratura y poesía bailan a un mismo compás. De hecho, por más que Vonnegut insistiera en que no le gustaba la etiqueta de “escritor de ciencia ficción”, ha pasado a la posteridad como uno de los más importantes del género por la inusual fuerza con que su estilo se impone a la trama.

Así por ejemplo, sus primeros libros imitan/parodian/rinden-homenaje a la novela distópica (La pianola), la space opera (Las sirenas de Titán), la novela de espías (Madre noche), la novela apocalíptica (Cuna de gato) y la sátira social (Dios le bendiga, Mr. Rosewater). Pero es que a su vez, dentro de cada una de ellas, Vonnegut deja espacio para dialogar con otros tantos géneros y desplegar todo tipo de juegos metaliterarios. No en vano, su escritura ha sido comparada a un solo de jazz por su capacidad para mezclar ritmos dispares hasta componer un conjunto de inesperada coherencia.

En Matadero 5  Vonnegut llevó al extremo su estilo “jazzístico” combinando experiencias biográficas y una trama muy peculiar de ciencia ficción. El protagonista, Billy Pilgrim (trasunto de Joe Crone, compañero de escuadrón de Vonnegut que incapaz de soportar la guerra se dejó morir de hambre) es un viajero en el tiempo que sufre involuntarios saltos a momentos aleatorios de su vida, sobre todo a su etapa como prisionero durante la Segunda Guerra Mundial, a su vida burguesa de madurez y a su abducción a manos de unos alienígenas del planeta Tralfamadore (donde, entre otras cosas, es mantenido en una urna transparente, expuesto ante el público y animado a mantener relaciones con una estrella de Hollywood…).

El soldado Joe Crone, álter ego de Billy Pilgrim y compañero de Vonnegut, que se dejó morir de hambre.

El soldado Joe Crone, álter ego de Billy Pilgrim y compañero de Vonnegut, que se dejó morir de hambre.

Mediante esta despreocupada combinación de autobiografía, relato bélico, viajes en el tiempo y extraterrestres, Matadero 5 explota la retorcida vena humorística de Vonnegut, así como su falta de respeto por la solemnidad de lo literario. Por supuesto, la intromisión de la ficción en una novela tan dramática hizo que algunos la tildaran de poco seria (la ciencia ficción, ya se sabe, debería quedarse en su corralito de entretenimiento descerebrado). Pero en Vonnegut el humor es una salvaguarda contra el sentimentalismo de la autobiografía, y además le permite exponer en plena desnudez ciertas verdades dolorosas; por ejemplo, que no hay nada inteligente que se pueda decir sobre una matanza.

Estos dispares ingredientes convirtieron la novela en un éxito repentino, probablemente porque muchos lectores reconocieron en las penurias bélicas de Vonnegut un espejo doloroso del dislate en que por aquellos años se había convertido la Guerra de Vietnam.

Ahora bien, que nadie piense que Matadero 5 es una mera oda al pacifismo, porque no hay enseñanzas éticas ni sentimientos de confort moral en la obra de Vonnegut. A pesar de su activismo político, el autor sentía un profundo escepticismo hacia la capacidad de la literatura para cambiar el mundo, y escribió sus recuerdos de guerra a modo de testimonio que se sabe destinado al fracaso. Por ello, la novela desgrana su carga de sucesos bélicos sin proponer culpables ni señalar ninguna posibilidad de cambio. Y es que Billy Pilgrim, como los tralfamadorianos, no lucha contra su destino ni lo culpabiliza; la guerra, las muertes, el matrimonio, el éxito, los hijos, los cumpleaños, la vejez… aparecen a los ojos del protagonista como sucesos similares y sencillamente inevitables.

Más llamativo aún, Matadero 5 logra la proeza de ensartar una larga ristra de muertes y horrores sin culpabilizar en ningún momento a nadie. ¿Por qué?, se pregunta confuso el lector, ¿no eran los alemanes los villanos? ¿o acaso el culpable es el gobierno estadounidense por borrar del mapa una ciudad sin valor militar alguno? En definitiva, ¿a quién debo culpar?, insiste ya enfadado el lector, ¿quién debo tomar como chivo expiatorio de tanta violencia? Vonnegut sólo responde con una pregunta: “¿Pío-pío-pi?”

Su obra se resiste a explicarnos el significado de la Historia, a darnos un villano con que pagar nuestra frustración. Evita justificar o desestimar la necesidad de las guerras, se niega a tomar posiciones claras respecto a los conflictos y, en definitiva, nos deja la libertad de que averigüemos por nuestra propia cuenta por qué (una y otra y otra vez) nos empeñamos en destruirnos los unos a los otros con tanta tenacidad.